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COVID-19 aleja a tica del mundo y de sus tres hijas; está sola, sin medicinas y con miedo, este es el relato

María está sola, alejada del mundo, de sus tres hijas y de su mamá. Vive con miedo y sin medicamentos para combatir el COVID-19 que invadió su cuerpo.

Así le llamaremos a esta mujer, de 40 años, quien se aisló desde el pasado domingo 22 de marzo en una casa, en Curridabat. Ese día regresó de Nueva York, Estados Unidos.

Orden sanitaria que le entregaron a María. Cortesía.

Ella viajó a la Gran Manzana el martes 17 de marzo porque debía realizar unos trámites. Lo hizo apenas un día antes de que el gobierno cerró las fronteras debido a la emergencia nacional que se vive a consecuencia del brote de coronavirus.

Se quedó con su hermano, quien vive en Nueva York. El sábado 21 de marzo se suponía que María debía regresar a Costa Rica, pero le retrasaron el vuelo. Para ese momento se empezó a sentir un poco mal. No tenía fiebre, pero sí mucho frío. “Me dolía mucho la garganta”, expresó en conversación con ¡Qué Torta!

Se tomó una pastilla para que le aliviara el dolor, pero no le hizo tanto efecto. Sí le calmó un poco, sin embargo regresó al país con ese malestar.

Mientras tanto, el hermano le comentó que se sentía mal, que la comida no le sabía. “Él comía y no le sabía la comida, no olía. Había perdido el olfato y el gusto”, aseguró.

María recordó que tanto en el viaje de ida como en el de vuelta anduvo con mascarilla, guantes y tomó todos los cuidados necesarios previniendo cualquier cosa.

“Cuando llegué a Migración (el domingo 22 de marzo) me dieron un papel rosado que decía que no podía salir durante 14 días y que si lo hacía podía ir a la cárcel ya que es una orden sanitaria”, detalló.

La mujer cumplió al pie de la letra lo que le indicaron las autoridades. Le dijo a su mamá que se llevara a sus tres hijas y se aisló en una casa en Curridabat.

El martes 24 de marzo, su hermano se comunicó con ella y le contó que se había hecho la prueba de COVID-19, en Nueva York, y que había dado positivo.

Todas las alarmas se encendieron en ese momento. María llamó al 1322 del Ministerio de Salud para contar lo que le estaba pasando y que no tenía certeza si se había contagiado.

Entre tantas dudas que bombardearon su cabeza una de las principales era cómo hacía para hacerse la prueba si tenía una restricción de salir por la orden que le dieron. Si salía la podían multar.

Funcionarios le indicaron que para eso sí podía desplazarse al centro médico. Pasaron los días hasta que los síntomas se hicieron intolerables y se fue a la clínica Marcial Fallas, en Desamparados, donde le tomaron una muestra de la nariz y otra de sangre. Esto fue el lunes 30 de marzo.

El miércoles 1.° de abril, ella recibió una llamada en la que le confirmaron que la prueba había dado positivo y que por nada del mundo se moviera de la casa.

Al cierre de esta nota, la noche del viernes 3 de abril, a ella no le habían entregado el tratamiento para combatir la enfermedad, porque como se encuentra por mientras en Curridabat y la clínica está en Desamparados las autoridades no tienen el recurso para enviárselo a la casa.

Un encargado la contactó y le dijo que los medicamentos están listos, pero que alguien debe ir a retirarlos. Evidentemente, ella no.

Ahorita, la paciente confiesa que le falta más el aire que antes. “Tengo tos seca, antes era con flema, ahora es tos seca. Se me va el aire, siento que me punza el pecho y la espalda. Hoy (viernes) me he sentido muy débil, siento como que en cualquier momento me voy a caer al piso. Me siento mareada y aunque estoy comiendo me siento muy débil. Me preocupa porque estoy sola y sin contacto con nadie”, manifestó.

Mientras tanto, el hermano está bajo tratamiento y permanece delicado porque antes de contraer el coronavirus tuvo una infección en los pulmones. Tiene uno de los hinchado.

María no puede ir a trabajar, vive en una incertidumbre terrible porque no sabe qué va a pasar con ella. Tiene miedo de morir y pasa pensando cada minuto en sus tres tesoros, sus hijas. El COVID-19 la arrodilló.

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