*Por Manuel Benavides Barquero
Sacerdote e historiador
Todos corremos el riesgo de mirar desde nuestro presente el pasado, lo que ya es un error. El mismo peligro se agranda cuando lo observamos buscando algo que apoye nuestros intereses. Entre las dos cosas se forma una catarata que obstruye la vista.
Algo que en esa dirección ha ayudado a nublar la vista de los que han propuesto el cambio de fecha de nuestra Independencia es que no han tenido en cuenta a los otros pueblos.
Es admirable como hasta historiadores profesionales han rehuido el acta de Independencia de San José del 29 de octubre de 1821. Los que así han procedido no pueden aducir ignorancia, pues tácticamente mencionan a favor de su intención el acta josefina del 30 de octubre, lo que demuestra que han tenido algún contacto con la documentación. Ver la del 30 y no la del 29 de octubre ya no está entre los nublados del día que causa la catarata antes mencionada.
El acta josefina del 30 de octubre, leída por estos historiadores en clave de la Independencia de Cartago, tiene de todo menos de eso, pues desde el inicio de la misma se aleja de aquella posición, ya que al mencionar los documentos que le había enviado Cañas, San José dijo de él que era el “Jefe Subalterno en el sistema anterior”.
Es muy curiosa la frase, pues no había pasado si acaso un día de la declaración josefina de Independencia y ya estaba disfrutando de sus frutos.
Si se analiza el acta de Independencia de San José, del 29 de octubre de 1821, se aclaran más los nublados que la historia patria y nuevos historiadores han creado sobre ella para no dejarla hablar.
Esa acta independentista no mencionó a Cartago más que al final, con el propósito de informar a los legados que ahí estaban de la decisión josefina, es decir, la ciudad cartaginesa fue mencionada de paso como lugar geográfico, no como una entidad política.
Tampoco se mencionó al jefe político Cañas, no indicaron la mínima preocupación o necesidad de esperar alguna comunicación de ellos.
Además, anotaron de la siguiente manera la voluntad del pueblo josefino del día 28 de octubre por la noche: “…un pueblo numeroso de todas clases y ambos sexos la proclamó…”.
A Cartago, sin nombrarlo, se le incluyó indirectamente entre los otros pueblos cuando apuntaron la idea de que, por medio de legados de todos ellos, se formara la Junta Superior Gubernativa. Es decir, se le tomó como uno más entre pares y para formar un nuevo gobierno que no dependía solo de los cartagos. Es interesante que los josefinos, por lo menos hasta finales de diciembre de 1821, nunca mencionaron el acta de Independencia de Cartago en las sesiones de su ayuntamiento.
El cambio de situación fue claro para los josefinos, de manera que estipularon en el acta del 30 de octubre que se variaran las instrucciones del legado y se ampliaran “…en lo que sea necesario con presencia del estado actual”. En esa acta, las autoridades de San José profesaron tal independencia frente a todos, tanto poderes internos como externos, que tomaron decisiones de gobierno sin consultar al jefe subalterno y mucho menos al ayuntamiento de Cartago, el cual, en la sesión del 3 de noviembre, al recibir el acta de Independencia de San José, la vio con buenos ojos y no puso ningún reparo.
La actitud independentista de San José a partir del 28 y 29 de octubre se muestra en muchos aspectos. Su acta no hizo depender a su población de ninguna otra entidad externa, como sí lo hizo Cartago al unirse al imperio mexicano en su juramento. En cambio, los josefinos se desligaron, incluso, de las autoridades dentro de Costa Rica, pues en la fórmula de juramento de la Independencia se comprometieron a obedecer “…lo que (se) acordara por vuestros representantes en esta ciudad sobre las bases de Gobierno y Constitución”.
Dentro de esta visión independentista más clara que la de Cartago, que el 3 de noviembre se sometió a la dirección de la Diputación Provincial de León, San José empezó desde el 1.° de noviembre a encabezar sus actas con la expresión “En la ciudad libre e independiente de San José…”.
Ese mismo día, sin consultar con los cartagineses, en cabildo abierto, formaron una diputación popular de 15 miembros, que con los vocales del ayuntamiento y bajo la tutela de este último, acordaran “…cuanto juzguen conveniente y necesario para organizar la administración interior en todos los ramos y Relaciones Exteriores para consolidar al Gobierno bajo la base de la absoluta Independencia…”.
En la misma dirección, el 5 de ese mes, al expresar los fundamentos sobre los que se redactarían las nuevas instrucciones al legado de la ciudad, declaró que “…respecto a esta ciudad es que, como libre, no reconoce por ahora otra autoridad que la de su propio Ayuntamiento…”, y, atreviéndose aún más, desconoció a Cañas con estos términos: “…y con respecto a ella misma y los demás pueblos de la Provincia que el Jefe que tenía bajo el sistema anterior no es de la aprobación y confianza de este pueblo…”.
Por estas razones, pidió que se le despojara de la autoridad que tuviera en cualquier ramo. Esta petición la ratificó con más violencia el 8 de noviembre en las instrucciones dadas a su legado, en las que incluso le aplicó la expresión “…por sus medidas de terrorismo…”. Es interesante que Cartago se aguantara a Cañas en sus sesiones hasta el 8 de noviembre y desapareciera de las mismas, no porque los cartagos lo destituyeran, sino porque él renunció.
Con todos estos datos, negar que cada pueblo tuvo su propia acta de Independencia en esta etapa del proceso es una necedad. Si se quisiera persistir en la “necedad de las necedades” se apunta un Bicentenario que debió ser celebrado.
Por respeto a la soberanía popular, la Junta Superior Gubernativa citó a los pueblos por medio de un delegado, elegido en cabildo abierto, para que decidieran algo que ella no podía hacer: decidir la fórmula de juramento del imperio mexicano. La reunión se llevó a cabo el 28 de octubre de 1822 y en ella no pudieron ponerse de acuerdo, razón por la que suspendieron el juramento antes mencionado.
En la discusión salió a flote algo que muestra que por lo menos San José y Cartago tuvieron conciencia de que cada uno tuvo su propia acta de Independencia, que marcaron el rumbo diferente que tomaron.
El representante de Cartago, Félix Oreamuno, dejó claro en su intervención lo que le dictaron sus representados el 24 de octubre de ese año en cuanto “… a que desde que se proclamó y juró la Independencia del Gobierno Español, esta ciudad ha manifestado siempre sus votos al Gobierno Imperial proclamado por el Plan de Iguala…”.
A su vez, el padre Juan Santos Madriz, elegido por San José, reflejó la opinión que se le encargó el 25 de octubre, ratificada por los josefinos el 30 de octubre al indicar que se fundaron en que “…teniendo en consideración que en esta ciudad por la acta general del cuatro de noviembre último, se juró solemnemente por todas las autoridades y pueblo la absoluta Independencia del Gobierno Español, y obedecer y sostener lo que se acordase por nuestros representantes en esta ciudad…”, aclarando la diferencia frente a otras actas al indicar “…que por haberse jurado en otros pueblos con el aditamento de adhesión al imperio mexicano bajo el presupuesto de que su Gobierno fuese el más benéfico a la Provincia…”. Es decir, cada pueblo reconoció un año después que sus actas de Independencia eran diferentes y que la del otro no la comprometía.
En un contexto similar sobre la anexión a México, pero más violento, San José volvió a reconocer el 10 de diciembre de 1822 la diferencia de actas de Independencia, para enfrentar el desorden que quería introducir Cartago imponiendo el juramento del imperio mexicano que ellos habían estipulado en la suya.
Las palabras del ayuntamiento josefino fueron las siguientes: “…este Cuerpo, penetrándose de la gravedad y trascendencia de tales proposiciones, al discutir la materia ha debido tener en consideración que este vecindario, al separarse absolutamente del Gobierno Español, anticipándose a todos los de la Provincia y dándoles con su ejemplo el impulso, no se comprometió determinadamente por alguno de los planes propuestos, conservando el derecho de seguir libremente…”.
Es decir, no hay una sola acta de Independencia. Esperemos que estos hechos hayan aclarado los nublados que por 201 años inventó la historiografía sobre las actas de Independencia de los diferentes pueblos de Costa Rica. Los de aquella época tuvieron muy claro que el acta del 29 de octubre de la ciudad de Cartago, no era el acta de Independencia de todo Costa Rica.
*El autor es académico correspondiente de la Academia de Historia y Geografía de Guatemala.
Premio Cleto González Víquez 2022 de la Academia de Geografía e Historia de Costa Rica.
