El diputado Ariel Robles salió a las redes con un post de tres puntos para explicar el bochinche del chaleco antibalas y la denuncia contra doña Yendry. Pero para varios críticos, el mensaje suena más a estrategia de comunicación que a una simple aclaración.

“Denuncié violencia, no crítica”… según él
Robles insiste en que nunca ha denunciado a nadie por criticarlo, solo por “llamar a la violencia”. El problema es que esa línea la traza él mismo, y es precisamente el punto que más se cuestiona: ¿quién decide qué es una ofensa dura y qué es ya una amenaza? Para sus críticos, ese argumento le sirve de comodín para denunciar a quien le convenga y presentarse como la víctima del cuento.
El chaleco: ¿protocolo o teatro político?
Robles explicó que el chaleco antibalas es un requisito de la Unidad de Víctimas y Testigos, no un capricho suyo. Puede ser cierto, pero la forma en que lo cuenta —con tono de mártir, casi de arenga— es justo lo que le critican: convertir un trámite de seguridad en un episodio de autopromoción política, aprovechando el ruido mediático que él mismo generó al hacerlo público.
También le echó la culpa al “amarillismo” de los medios por hablar más del chaleco que del fondo del asunto. Pero fue él quien decidió sacar el tema a la luz en un post de Facebook con foto y todo, así que difícilmente puede quejarse después de que la gente se quede con la parte más llamativa.
El discurso del miedo que no lo paraliza
Cerró con la frase de manual: “el miedo no me paraliza, me mueve el amor por el país”. Para sus críticos, es exactamente el tipo de cierre calculado para verse como héroe de la historia, en lugar de simplemente explicar los hechos sin tanto adorno.







