Este viernes 10 de julio, el gobierno recetó un martillazo de San Ramón de Alajuela a Paraíso de Cartago y en algunos cantones de Limón, Puntarenas y Guanacaste.
La justificación para el “arresto domiciliario” impuesto por las autoridades lo resumen perfectamente en una frase el presidente de la República, Carlos Alvarado, y el ministro de Salud, Daniel Salas: “Recuperar el rastro del virus”.
Suena bonito, heroico y hasta novelesco, pero, ¿será factible en cuestión de nueve días? O en el peor de los casos, en cuestión de cinco días (restándole los fines de semana del 11 y 12 de julio y del 18 y 19 de julio).

El escenario nos pinta que es más fácil hallar una aguja en un pajar.
Para el economista y estadístico Juan Enrique Muñoz Giró, la misión es prácticamente imposible; asegura que es muy difícil y que “algo se puede rescatar”.
Sin embargo, cuando los números de los últimos siete días reflejan un total de 2.610 casos confirmados, cifra que brindó en conferencia de prensa este 11 de julio el doctor Rodrigo Marín, director de Vigilancia de la Salud, parece que el martillazo será insuficiente.
Y este artículo no pretende ser pesimista, sino realista sobre las posibilidades y resultados que arrojen los esfuerzos del personal de Salud, que busca con intensidad reconstruir la trazabilidad de los casos.
Hay una alta probabilidad, según conversación que sostuvo ¡Qué Torta! con Muñoz Giró, que a finales de la semana que inicia (13 al 19 de julio), las autoridades apliquen otro “encerronazo”, porque no les dio tiempo de recuperar el rastro del virus. Esto significa alargar las medidas restrictivas, que repercuten directamente en la economía nacional, bastante golpeada por la pandemia.
No significa que este medio cuente con una bolita de cristal, sino que se basa en un análisis de diferentes variables que entran en juego en las proyecciones del comportamiento del brote.

El estadístico reconoce que el Ministerio de Salud lo hizo bien al principio de la fase 3, pues se detectaba un contagio y se sabía quiénes estuvieron alrededor. Había una identificación de las personas potencialmente contagiadas y de los conglomerados (llamados clusters en inglés). Esto permitía una trazabilidad real.
El tema es que ahorita hay “una aleatoriedad de los contagios muy presente. No sabemos quién contagió a quién, ni dónde se contagió. Cuando no se pueden identificar los orígenes y causas de un contagio el tema se llama aleatorio, no tiene traza. Habría que escurrirle la memoria a cada uno de los contagiados. ¿Se le puede seguir la pista? ¿Se puede hacer con 2.610 contagios esta semana? No lo veo”, explicó el experto.
Modelos basados en el SARS
Muñoz Giró indicó que los modelos epidemiológicos que se están aplicando se remontan al SARS, del 2002.
En aquel momento, se diseñó cómo sería la propagación del virus en diversas fases. El estadístico apunta que el SARS-CoV-2 se diferencia del SARS en que es mucho más global y en que la adaptación del modelo no es correcta. Parte del hecho que ha habido estudios británicos, así como de reconocidos epidemiólogos del país que han fallado en proyecciones.
Sostiene que el éxito de un modelo radica en identificar con precisión la tasa de reproducción R0, que da una idea de cuántas personas se contagian al tener contacto con un positivo, pero además agregándole el factor de cuánto tiempo transcurre para que se den esos contagios.
También es esencial que los modelos se actualicen permanentemente con la información que ingresa, que sean flexibles, y algo que recalca Muñoz Giró con particular trascendencia es desarrollar un perfil de los contagiados que tome en cuenta las características social.
“Se trata de focalizar mejor el perfil de los contagiados y determinar cuáles grupos se ven más afectados. Si son zonas altamente pobladas, con problemas de hacinamiento, de bajos ingresos, de baja escolaridad, con alta inmigración. Aún hay tiempo para hacerlo”, manifestó.
Si por la víspera se saca el día, parece que nos esperan más semanas de martillo.







