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Pagó ₡3 millones a sicarios para eliminar a pareja de tiktokers: pena récord de 168 años para tres hombres

Una novela mexicana, con protagonistas costarricenses, acabó con una condenatoria de 168 años de prisión, en conjunto, para tres hombres que mandaron a matar a una pareja, el saldo final fue una víctima mortal y una sobreviviente.

Nacho Herrera es un influencer en Tiktoker, así luce su perfil.

Los hombres fueron sentenciados este lunes, por los delitos contra la vida y tenencia de armas.

Los imputados son Jefferson Monterrey Castrillo y Bryner Linares Fernández, quienes recibieron 55 años de prisión cada uno por los delitos de homicidio calificado y tentativa de homicidio (son los sicarios), e Ignacio Herrera (Nacho Herrera), condenado a 58 años por los mismos delitos y además, un delito de tenencia de arma permitido, según comunicado del Poder Judicial.

Los hechos se conocen como el caso “TikTokers” y se investigaron bajo el expediente 23-000903-0072-PE.

Tuvieron su origen tras la transmisión en redes sociales de una riña entre las dos mujeres, en la que estuvieron presentes Herrera y Torres; este último intervino con el fin de separarlas.

“A raíz de conflictos previos entre las involucradas, la fiscalía logró demostrar que Herrera ideó un plan para acabar con la vida del matrimonio, por lo que contrató a Monterrey y a Linares, ofreciéndoles ₡3.000.000 a cambio de cometer el crimen”, dice el comunicado.

Las redes sociales ha sido escenario donde nacen delitos, se deben extremar los cuidados.

La fatalidad ocurrió el 30 de junio del 2023, en la casa de las víctimas, en Parrita. En el juicio se demostró que los sicarios, y otras dos personas no identificadas, ingresaron a la casa mientras la pareja dormía, se dirigieron a la habitación y les dispararon. Torres falleció y su esposa sobrevivió.

A los sentenciados se les amplió la prisión preventiva, mientras que la sentencia queda en firme.

De la riña transmitida en TikTok a los chats de manipulación de menores, la ruta es distinta, pero el destino es el mismo: las redes sociales como catalizador de delitos. El caso de Parrita y los procesos por grooming muestran que la frontera entre entretenimiento y crimen es muy delgada.


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