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(Opinión) El mensaje subliminal del BAC

Cada anuncio del BAC Credomatic va acompañado por una estrategia fina y debidamente calculada para dirigir el impacto hacia donde mejor le conviene. Lo interesante es que lo logra en gran medida

El ejemplo más reciente es el despido de 373 colaboradores, el cierre de al menos 11 sucursales, la cancelación de 187.526 tarjetas de crédito y la desvinculación de 79.789 clientes como hechos más destacados.

La corporación atribuye la decisión a la ley de usura, que estableció topes a las tasas de interés para las operaciones financieras, comerciales y de microcréditos.

Si un malpensado lee entre líneas entendería que el BAC le está echando el “muerto” a los diputados que aprobaron ese proyecto en la Asamblea Legislativa, en particular al oficialista PAC Welmer Ramos (el liberacionista David Gourzong también se sumó), de quien el independiente Erick Rodríguez siempre expresó desconfianza en el Plenario refiriéndose a que si impulsó la apertura del mercado del cemento chino en el país (todo terminó en el cementazo) “yo tendría mucho cuidado”.

En marzo anterior, medio país aplaudió al BAC por tomar la delantera y aplicar automáticamente la moratoria (por dos meses, el banco que concedió el periodo más corto) en pagos de créditos y tarjetas ante la emergencia del COVID-19.

Quedó endiosado y como los grandes, buen golpe mediático.

Sin embargo, hay que ver al BAC como lo que es; una empresa privada cuyo interés primordial es obtener ganancias de sus diferentes productos al costo que sea.

Y ese costo eran intereses bastante altos que imponían a clientes que no les son rentables y a los que les dijeron adiós este jueves 2 de julio; gente con poco poder adquisitivo (bajos salarios) a los que les entregaban una tarjeta sin pedirles un solo documento y por un monto que podría duplicar lo que ganan.

Al BAC lo que verdaderamente le preocupaba era endeudar a sus clientes, ahogarlos y vivir de los intereses por los siglos de los siglos. Ahí está el negocio.

Esto no quiere decir que la pérdida de esos puestos de trabajo duelan, pero uno debe comprender el contexto completo de la operación.

El banco no es la víctima, ni va a perder; los que sufren siempre son los que menos tiene y ahora, los que deben pensar qué hacer porque se quedaron sin trabajo.

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