- La cuadrilla de privados de libertad encontró al pequeño animalito mientras realizaba labores de chapia sobre la Florencio del Castillo.
- El rescate terminó dando nombre al grupo, que decidió llamarse “Los Tepezcuintles”, en una muestra del espíritu de compañerismo y reinserción que impulsa el plan Cero Ocio.
Mientras miles de romeros caminaban este viernes 31 de julio del 2026 hacia la Basílica de los Ángeles para agradecer, pedir o cumplir una promesa a La Negrita, un grupo de privados de libertad protagonizó una historia muy distinta.
La cuadrilla participaba en las labores de limpieza y chapia que desarrolla el Ministerio de Justicia y Paz sobre la autopista Florencio del Castillo, como parte del plan Cero Ocio, cuando descubrió entre la maleza a una pequeña tepezcuintle que permanecía inmóvil y muy cerca del tránsito vehicular.
El trabajo se detuvo por unos minutos.

Con el apoyo de oficiales de la Policía Penitenciaria, los privados de libertad improvisaron un rescate para evitar que el animal, asustado por el ruido de los vehículos, corriera hacia la carretera.
Después de ponerla a salvo, lo mantuvieron protegida e hidratada hasta la llegada de funcionarios del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac) y del Ministerio de Ambiente y Energía (Minae), quienes finalmente la trasladaron para devolverla a su hábitat natural.
La historia, sin embargo, dejó algo más que un rescate.
La pequeña tepezcuintle fue bautizada como Quemada, en honor al compañero conocido por el apodo de Quemado, quien fue el primero en descubrirla entre la vegetación.
La anécdota marcó tanto al grupo que, desde ese mismo momento, los propios privados de libertad decidieron rebautizar a su cuadrilla como “Los Tepezcuintles”, un nombre que simboliza el compañerismo construido durante las jornadas del programa Cero Ocio.
Durante estos días, estas cuadrillas trabajan despejando la vegetación de la Florencio del Castillo para mejorar la visibilidad y reforzar la seguridad de las miles de personas que recorren el camino hacia Cartago.
Esta vez, además de abrir paso para los romeros, también ayudaron a que una silenciosa habitante del bosque regresara sana y salva a su verdadero hogar.
La pequeña Quemada quedo a salvo y “Los Tepezcuintles” retomaron sus labores, convencidos de que, incluso en una jornada de trabajo, siempre hay espacio para proteger la vida.