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La doble cara de Diego Miranda

Hay un dicho que reza: “Candil en la calle, oscuridad en la casa”

Este martes 15 de setiembre del 2026 pareció quedarle como anillo al dedo al alcalde de San José, Diego Miranda.

Se hizo presente elegante en el acto cívico, a los pies del Monumento Nacional, acompañado por sus vicealcaldes, Yariela Quirós Álvarez y Fernando Vega Guillén, y frente a las máximas autoridades del país.

Allí estaba también la presidente, Laura Fernández Delgado, con quien Miranda ha sostenido varios pulsos públicos durante los últimos meses.

El intercambio entre ambos fue frío. Pero cuando le tocó pronunciar su discurso, Miranda dibujó una realidad que contrasta con cuestionamientos que han surgido dentro de la Municipalidad de San José.

Habló de diálogo, respeto, acuerdos y hasta de la importancia de escuchar a quienes piensan diferente.

Y soltó una frase particularmente llamativa: “Uno sabe que en los pasillos del poder los que aplauden y dicen que sí a todo no son los mejores amigos ni consejeros, así como no es buen consejero el orgullo”.

El problema para Miranda es que ese consejo también debería aplicárselo a él mismo.

Desde que asumió la Alcaldía, ¡Qué Torta! conoce cómo ha ejercido presiones, marginación, maltrato psicológico y persecución hacia funcionarios. Algunas fuentes han llegado a definir el ambiente dentro del gobierno local como un “régimen de terror” para quienes se atreven a disentir.

Y no todo ha quedado entre pasillos.

Cuatro jefaturas municipales denunciaron por supuesto acoso laboral a la gerente municipal, Jéssica Martínez Porras. Entre los señalamientos trascendidos se encontraban exclusiones de reuniones, cambios en funciones, comentarios considerados despectivos y marginación.

También el entonces subdirector de Asuntos Jurídicos, Marvin Torres Labardini, denunció públicamente lo que calificó como “persecución”, después de acudir a distintas instancias para cuestionar actuaciones de la administración municipal.

Es en ese contexto donde las palabras de Miranda adquieren otra dimensión.

El alcalde defendió en su discurso la capacidad de los costarricenses para ponerse de acuerdo mediante un “diálogo franco y respetuoso”, sin elevar el tono hasta niveles que después no tengan punto de retorno.

Y luego fue todavía más lejos.

Al cuestionar a quienes rodean a Fernández, habló de “lacayos que operan entre las sombras” y recurrió a la parábola del trigo y la cizaña para sentenciar: “Uno decide de quién se rodea”.

Una frase que perfectamente puede devolverse hacia el Palacio Municipal.

Porque si quienes dicen sí a todo no son buenos consejeros, como aseguró Miranda, queda una pregunta pendiente: ¿Qué espacio tienen dentro de su propia administración quienes se atreven a decirle que no?

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