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La Sele se despide de la afición en una noche caprichosa y sin rumbo hacia Catar

La Selección Nacional de Fútbol se despidió de la afición en el Estadio Nacional de La Sabana en medio de un diez en organización y una gran incógnita sobre cómo nos irá en el Mundial de Catar 2022.

Adelantaremos criterio. Asusta más un ataque de estornudos que la Tricolor. El partido que rindió ante un rejuntado juvenil de Nigeria fue malo. Ante lo mostrado, lo que más preocupa es si por lo menos se podrá anotar un gol en la Copa.

La noche de este 9 de noviembre del 2022 fue una combinación de sentimientos encontrados. Le fue mucho mejor con el público al presidente, Rodrigo Chaves, que al atacante Johan Venegas, a quien la afición le dejó claro que si fuera por ellos no se hubiera montado ni siquiera en un taxi para que lo llevara a entrenar a Alajuela.

Es, posiblemente, la única vez que ha ocurrido que un estadio le chifla de principio a fin a un seleccionado y, en particular, en un juego de estas características.

Chaves juramentó a los jugadores ante unos 30.000 espectadores que llenaron el estadio, en lugar de seguir la “tradición” en Casa Presidencial.

Antes del acto, los bomberos armaron un espectáculo de fuego impresionante, que prometía una noche emocionante. El juego quedó debiendo.

Al minuto 6, Óscar Duarte puso el balón dentro del marco nigeriano y todos se volvieron locos; un gol tempranero que daba una señal de que la Sele iba a lucirse.

Sin embargo, aunque Campbell hizo unos movimientos de fantasía y Martínez salvó la tanda en varios momentos, no es suficiente.

Nigeria contragolpeó sin ningún problema, remató con potencia a marco, pero su imprecisión evitó que el marcador fuera distinto.

El capi Ruiz intentó brillar, pero en cada pase e incluso en su posible chance de meter el gol, se ve a leguas que perdió la magia de hace dos Mundiales.

En el segundo tiempo, Nigeria siguió presionando. La velocidad en los pases largos fue una de las virtudes rescatables de las águilas negras. Ohaka fue un dolor de jupa para los nacionales. Iba, venia, marcaba, remataba; fue la piedra en el taco de la Sele.

Waston llegó de cambio y a los minutos clavó el segundo en un salto que aprovechó producto de un tiro de esquina.

La afición le reconoció a Bryan Ruiz su trayectoria con una lluvia de aplausos al abandonar el terreno, cuando lo sustituyó Celso. La cara opuesta la vivió Venegas, que desde que puso un pie en la cancha le silbaron y dijeron hasta de lo que iba a morir. Ese es el capricho de Suárez.

Después del segundo gol, los nigerianos perdieron un poco el norte, se alocaron y no lograron cruzar la portería de Alvarado.

La Banda Municipal de Zarcero encabezó el cierre de la vuelta olímpica que dieron los seleccionados una vez que terminó la mejenga. A ellos los acompañaron sus familiares.

Un juego de pólvora adornó el cielo nublado, mientras la afición gritó de euforia, pidió autógrafos en camisas y banderas, sin dejar de lado las fotos.

Aunque la Sele ganó en casa y la afición vibró con cada gol, hay mucho por mejorar. La mezcla de sangre nueva con veteranos en el plantel patrio deja dudas.

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