Es el mismo guión con algunas pequeñas diferencias.
La ventaja del primer lugar sobre sus inmediatos perseguidores es bastante clara (según lo que dictan las encuestas), la bomba explotó muchas semanas antes del día de las elecciones y el ambiente en las calles anda más caldeado.
Digámoslo con claridad. Se trata de una segunda puesta en escena bastante calculada y que, por los actores que han salido a defenderla, se intuye que repiten elenco solo que con otras vestimentas.
El escandalito de las frecuencias radiales católicas es la saga de aquella muy bien producida con la Negrita, en los entretelones de la segunda ronda electoral del 2018.
De la que tanto se guindó y fue parte el PAC para redondear un triunfo inobjetable en las urnas ante Fabricio Alvarado, el domingo 1.° de abril del 2018.
Por eso es curioso cómo han cambiado ciertas posturas después de más de siete años. Y habrá gente que brinque y no esté de acuerdo, pero cómo renegar, cuando la historia ya está escrita.
En estos últimos días de noviembre del 2025, la muchachada de Fabricio y su combo de Nueva República se han acomodado a una postura en la que concuerdan con la Iglesia sobre que, o todos van por condiciones favorables para seguir administrando ese bien del Estado como las frecuencias radiales, o ningún sector debe procurar su beneficio particular. Es decir, o los tratan bien a todos o a nadie, esa es la postura de la cúpula.
Se suman algunos otros calificativos más fuertes del partido, de origen evangélico, que extrañamente ignora la avanzada que han hecho sus queridos hermanos, que sí respondieron a la invitación del presidente, Rodrigo Chaves, para hallar soluciones al tema sobre la difusión de la fe y el Evangelio en las emisoras de ese corte religioso.
Y es que hay epítetos fuertes como que el gobierno detesta, odia, a los católicos, por esta canallada de la subasta, que tiró la Superintendencia de Telecomunicaciones (Sutel).
Es gracioso. Parece que el diputado David Segura, o no estuvo en la campaña del 2018 o se le olvidó muy rápido cómo la propia Iglesia fue dejando solito a su líder Fabricio, cuando las publicaciones de La Nación sobre el pastor Ronny Chaves, quien demonizó a la Negrita, destrozaron el apoyo electoral y lo dejaron con las manos vacías.
Son poses politiqueras para ver cómo se raspan todos los voticos suficientes de cara a este proceso del 2026. Es muy sencillo verlo para quienes vivieron aquellas lides del 2018.
Porque que les dieran la espalda para defender a la Negrita, pero, en consecuencia, la cúpula terminara apoyando una de las tantas ideas progres como el matrimonio gay, eso debe doler. Es para no olvidar nunca.
Pero el manejo de esta controversia genera más detalles interesantes. Y es que hay un asesorcillo del Tribunal Supremo de Elecciones, confeso antiderechista (escribe columnas, artículos y líneas de líneas en un folleto de Llorente en contra de Milei, Trump y Bukele), que también se identifica con la Iglesia ante semejante postura ‘digna’ de reconocer por la sociedad costarricense.
Y es que no se puede negar que esa franja de pensamiento progre, que dominó la escena política del país durante ocho años (2014-2022), encasilló a la Iglesia y a los sacerdotes en seres despreciables, calificándolos de depredadores sexuales y súmele todos los calificativos posibles. Ahora son caritativos para ellos.
Hay un deseo en el aire, bastante fuerte, de revivir un clivaje como el del 2018 que alborote todo para las elecciones del 2026. Ahora se ve más difícil que pegue, al menos, en este lanzamiento, parece que les cantaron strike.







