*Por Manuel Benavides Barquero
Sacerdote e historiador
Celebrar 201 años de Independencia debe ser un compromiso serio, en el que media un esfuerzo por comprender cada vez mejor el pasado y, después, además de cuidarlo y aprender de él, intentar iluminar nuestro presente para desarrollar responsablemente la tarea que como ciudadanos tenemos.
Es por eso que portar una bandera tricolor, desfilar por las calles, hacer faroles y otras actividades pueden tener el drama de la doble personalidad. Si se les despoja del pasado evocándola no solo con frases cortas y equivocadas en todo sentido, aunque pudieran sonar bien, tales como el eslogan “201 años de libertad”, como cierta publicidad lo está haciendo en estos días suponiendo que antes no habíamos gozado de libertad, se irrespeta a nuestros antepasados, se vacía de contenido la celebración y se sustituye por otros que lo falsean para fines mezquinos que se suceden cada cierto tiempo en el sistema político y económico.
La otra cara de la doble personalidad, que es la verdadera, podría estar custodiada por un volver a las fuentes para comprender mejor un proceso que realmente justifica una celebración como la presente, pero sin romanticismo como los de la historia patria de los liberales. Debe ser una celebración que, con un mejor conocimiento del pasado, nos encare con un compromiso. El ser ciudadano no es solo tener derechos, sino también deberes, y entre los primeros está valorar la lucha de sus antepasados y respetarla.
Por mencionar solo algunos puntos. Un hecho histórico aislado no hace historia; mejor dicho, un hecho histórico siempre es parte de un contexto sin el cual perdería su significado en el quehacer de una sociedad. Reducir la celebración a una fecha, y, por cierto, discutir si una es más correcta que la otra, si la del 15 de setiembre o la del 29 de octubre, es un peligro en el que se cumple todo lo expresado antes. Intentando un mejor acercamiento al tema se podría decir algo en torno a ellas, pero en un contexto más amplio.
Opinando por la primera y sin querer apuntar todos los argumentos que forman parte de un artículo, el 15 de setiembre no solo ya tiene un asidero cultural e histórico en el trayecto recorrido de 201 años, no solo contempla una expresión de solidaridad con el resto de Centroamérica, sino también que en su origen tiene respaldo jurídico, pues, por un lado, en la Colonia formamos parte del Reino de Guatemala, con su sede en la ciudad capital del país que hoy lleva ese nombre, y, por otro lado, su declaración de la Independencia tuvo consecuencias para los costarricenses.
Todo lo contrario sucede con la intención localista del 29 de octubre que no tiene respaldo histórico para el resto de poblaciones de Costa Rica, pues esa acta fue solamente la declaración de Independencia de Cartago. Los demás pueblos lo hicieron en otras fechas; por ejemplo, Nicoya se independizó el 26 de octubre y San José lo hizo el 28 y 29 de ese mes, tal como lo reconoció el mismo ayuntamiento de Cartago en su sesión del 3 de noviembre de 1821.
Con base en el principio de que la declaración del 15 de setiembre de 1821 tuvo consecuencias para Costa Rica, hay que afirmar que no nos hubiéramos atrevido a declarar la Independencia nosotros solos, sin que antecediera un proceso que empezó en Chiapas. La experiencia durante la Colonia los convencía que cualquier alteración en el orden establecido, sería controlado por el ejército del Reino con consecuencias fatales para las cabecillas del mismo.
Hechos cercanos a la Independencia refrescaron a los costarricenses esa certeza, pues, por un lado, había sido una de las provincias más fieles al Rey en la crisis desatada por la invasión de Napoleón a España en 1808 y, por otro lado, el haber colaborado en la pacificación del desorden provocado por las revueltas de Granada, Nicaragua, en 1811-1812, se lo había mostrado en carne viva.
Tomando en cuenta el párrafo anterior, hay que dejar claro que la Independencia nos vino regalada, desde Chiapas hasta Costa Rica, pues la lucha se dio en México, dónde medio una guerra de poco más o menos 10 años.
*El autor de este artículo publicó, en el 2021, el libro más completo sobre la Independencia de Centroamérica, titulado “El proceso de Independencia de las provincias del Reino de Guatemala. (1786-1824)”, que le mereció que la Academia de Geografía e Historia de Guatemala lo declarara miembro suyo bajo el título de Académico Correspondiente.
