Alfredo Mesén Quirós está inconsciente y conectado a un respirador en la sala de Cuidados Intensivos del hospital San Juan de Dios, San José, gracias a la negligencia del sistema de salud costarricense.
Tiene 62 años, es pensionado de la Universidad de Costa Rica (UCR). Ama la música, sus últimos años en la casa de enseñanza los dedicó a defender los derechos de estudiantes y personal administrativo. Formó parte del Sindicato de Empleados de la institución (Sindeu).
Sin duda, su corazón se divide entre las tres mujeres de su vida: su esposa y sus dos hijas.
Ahora enfrenta el reto más grande, vencer a la muerte. Lo que da más coraje de su caso es que todo lo que sufre pudo haberse evitado, pero la desidia de ciertos funcionarios lo mantienen muy delicado. ¡Le rechazaron dos veces practicarle la prueba de COVID-19!
Mesén está muy enfermo por haber contraído el virus. Sus primeras sospechas iniciaron el domingo 22 de marzo. Le costaba respirar y tenía fiebre.
Llegó a la Marcial Fallas a contar su historia y a pedir que le tomaran la muestra para ver si se había contagiado de coronavirus. Le explicó al personal médico que estuvo en contacto con una persona procedente de Nueva York, Estados Unidos, que andaba resfriada.
No pudo precisarles a los encargados de la clínica si esa amistad tenía COVID-19. Solo por eso se negaron a hacerle la prueba, porque no había certeza de que hubiera estado en contacto con alguien enfermo de coronavirus.
El personal médico no razonó; estaban al frente de un hombre que tenía síntomas de la enfermedad y aún así lo mandaron para la casa sin tomarle la prueba.
Empeoró
La condición de Mesén Quirós empeoró conforme pasaron los días.
“Mi hermana es doctora y vive en Portugal. Ella nos aconsejó que le tomáramos la fiebre y que compráramos un oxímetro para medirle su respiración. Nos dijo que si la temperatura superaba los 40 grados y la capacidad de oxígeno daba menos de 90 lo lleváramos de nuevo a la clínica”, explicó Amanda, una de las hijas de Alfredo, en conversación telefónica con ¡Qué Torta!
Ese momento llegó el viernes anterior (27 de marzo). Ese día lo trasladaron en ambulancia a la Marcial Fallas y le repitieron al señor el mismo cuento; su estado era más delicado que el del domingo 22. No le hacían la prueba, porque nadie podía comprobar que tuvo contacto con algún portador de COVID-19. ¿Y los síntomas?
En ese momento, la familia tomó la decisión de llevárselo a un laboratorio privado, pagar ¢84.000 por una prueba de coronavirus y esperar con angustia los resultados. También lo trasladaron a un hospital privado para que le practicaran otros exámenes.
Examen positivo
El lunes anterior (30 de marzo), el laboratorio confirmó que Alfredo tenía COVID-19 y se encargó de informar al Ministerio de Salud del caso.
“Nos quedamos esperando cuándo nos llamaban. Pensamos que iban a llegar de inmediato, pero no hubo respuesta alguna. Mi mamá, que es una adulta mayor, de 74 años, quien padece cáncer (tiene un linfoma), llamó primero a Salud y le dijeron que se comunicara al 1322”, detalló Amanda.
El trato que recibió en la señora en la llamada al 1322 fue pésimo. La mandaron a que pagara para hacerse la prueba de COVID-19, a ver si ella también se contagió con el virus. Y para cerrar con broche de oro, el que atendió la mando a avisarles a los demás sobre el riesgo en el que se encontraba.
Hasta este punto de la historia no hubo protocolos como los que todos los días explican las altas autoridades que supuestamente se aplican en todos los centros médicos del país y el tacto no existe.
El colmo
La noche del lunes 30, la condición ameritó que su familia llamara una ambulancia para que lo trasladaran a un hospital.
Esperaron dos horas para que llegara un paramédico, al que le faltaba poco por recogerlo, pero no le avisaron que era un paciente con COVID-19. Se tuvo que devolver a recoger el equipo de protección, pero no había tiempo.
La familia debió coordinar el traslado en una ambulancia privada hasta el San Juan de Dios, donde está sumamente grave, inconsciente y conectado a un respirador.
“Las cosas no se han hecho de la forma en cómo se debieron haber hecho”, reflexiona Amanda.
Ningún familiar de Alfredo puede visitarlo al hospital. Amanda solo ha tenido contacto digital con su mamá. A la señora le aplicaron la prueba, pero hasta este miércoles se sabrá si es positivo.
“Es muy complicado denunciar esto, cuando muchas veces la Caja ha salvado a mi madre. Priorizar la vida de quienes la están pasando mal debería ser un pilar en la atención médica”, agregó la joven.
El Ministerio de Salud anunció una investigación; parece que todo está muy claro.
