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Editorial: El imparcial Román

Gustavo Román Jacobo es un operador político.

Determinar a quién o a quiénes favorecen sus opiniones o contraataques mediáticos es imposible. 

El único que tiene la respuesta es él y dudamos seriamente que sus convicciones las comparta, en esta materia, siquiera con la almohada.

En este editorial, nos atrevemos a describir al imparcial Román bajo el riesgo de que interprete que es una frase difamatoria, tal como expuso en un artículo periodístico (que más se asemeja a una pieza de reporteo investigativo en la que pudieron trabajar varios), que salió publicado en un medio rival del gobierno.

Y si bien es tiempo perdido tratar de hurgar en las afinidades políticas del director general de Estrategia y Gestión Política del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) de Costa Rica, sí es sencillo precisar contra cuál ideología está en contra.

Vale el espacio para disipar cualquier intento de aclaración posible o confusión con lo que se expone, porque no debe quedar ni un centímetro de duda.

Román es firme al decir que sus conceptos los expresa como individuo que ha sido ‘difamado’ (se esperaría que ya tenga lista la querella contra Pilar Cisneros y Rodrigo Chaves, porque como licenciado sabe que puede demandarlos según el artículo 146 del Código Penal), que aquí su función en el TSE no tiene nada que ver. 

Ahí empieza el discurso insidioso. Un asesor de su talla y con el vasto conocimiento y experiencia que acumula debe saber que separar esas dos cosas en media campaña electoral (la más polarizada de la historia) no es de recibo. 

No significa que no tenga derecho a la defensa, sino que el contraataque hacia una de las principales figuras (Pilar Cisneros) del partido que lidera la intención de voto para el 2026 influye en la decisión de voto de los costarricenses.

Así como el TSE manifestó que Chaves es un orador influyente, Román también lo es.

Conste que aún falta por definir si Román ha incurrido en beligerancia política, pero eso lo resolverán sus propios compañeros de trabajo, a raíz de la denuncia que le interpuso Cisneros.

Saber cuáles posturas le incomodan al imparcial Román no son producto de una elucubración, es que las pruebas sobran con tan solo revisar diversos artículos que les ha dedicado a Donald Trump, a Nayib Bukele y a Javier Milei (todos de derecha). 

Valga decir que esas piezas literarias han servido de tribuna para criticarlos y eso realmente no está mal, pero se sostiene en el argumento de que engañan con sus discursos y de que esas mentiras en campaña son inadmisibles. Basta con leerlas para saber de cuál lado se siente más cómodo.

Esa es una fachada que sirve de señuelo para posicionar en el colectivo que todo es mentira, salvo lo que institucionalmente él pueda llegar a divulgar. Es decir, algo así como ser el dueño de la verdad. ¿Cuál verdad?

Es curioso que, por ejemplo, en tiempos del clivaje PAC que tan bien le funcionó a Carlitos Alvarado y a Claudia Dobles para ser los dueños de la Presidencia, en Zapote, hubo ausencia de intervención del TSE con respecto a falsedades y manipulaciones de las que echó mano la izquierda para ganar.

En aquel momento se instauró el lema, que tanto se estila en política, de ganar a como diera lugar. Y lo hicieron a costas de la Negrita, del matrimonio gay y súmele tantas propuestas progre como quiera.

Entonces, lo que está en discusión no es el pulso de becas entre él y Cisneros para ver quién gana por el que se llevó la mejor y la más cara (debería revisar con quien le hizo el cálculo al valor actual de la de Pilar, porque las cuentas le fallaron), sino los gustos y afinidades del imparcial Román y su inteligencia emocional a la hora de controlar su ego, porque desde su posición no puede tomarse ciertas licencias, aunque las tenga y lo deje por la libre la presidenta del TSE.

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