- Mientras en Costa Rica, el fiscal general de la República, Carlo Díaz, vendió la imagen del pobrecito, que comía arroz con huevo sin sal en prisión y denunciaba supuestos malos tratos antes de ser extraditado, el expediente judicial estadounidense revela una cruda realidad.
Gilbert Bell Fernández, alias Macho Coca, de 63 años, no es el angelito torturado en Máxima Seguridad, de La Reforma, que se alimentaba muy mal y estaba desnutrido, según acusó el fiscal general de la República, Carlo Díaz.
Unas declaraciones sorpresivas y extrañas que sacudieron al país el jueves 13 de agosto del 2026 y con las que las autoridades judiciales quisieron maquillar todo el daño que hizo el limonense.
Un informe de la Administración para el Control de Drogas (DEA), en poder de ¡Qué Torta! Retrata más bien al verdadero Macho Coca: un narcotraficante y asesino despiadado.

El documento detalla cómo la DEA infiltró durante más de un año a la organización y llegó hasta el propio Bell Fernández.
Lo que encontraron los estadounidenses es pesado.
Según la investigación, negoció con colaboradores confidenciales de la DEA el suministro de 700 kilos de cocaína que tendrían como destino Nueva York.
Primero probaron con un kilo
La operación encubierta avanzó poco a poco.
Antes de hablar de cientos de kilos, la organización autorizó la venta de aproximadamente un kilo de cocaína por $6.000 como parte de las negociaciones con los colaboradores confidenciales.
La sustancia fue posteriormente analizada y resultó ser cocaína.
Después vino la conversación grande: 700 kilos.
Sin asco para matar
Pero el expediente no se limita a contar kilos. También describe la violencia que, según la DEA, rodeaba la operación de Bell Fernández.
En una de las conversaciones documentadas por los investigadores, Macho Coca habría relatado que algunas personas intentaron aprovecharse de él y que las mandó matar.
Y hay otra frase todavía más cruda.
Cuando uno de los colaboradores confidenciales le habló de sicarios mexicanos que podían ayudarlo, Bell Fernández habría respondido: “Yo tengo mis propios sicarios”.
Así describe la DEA al hombre que Estados Unidos llevaba años tratando de sentar ante una corte federal.
Más que arroz con huevo sin sal
El contraste resulta inevitable.
Antes de ser extraditado el jueves 13 de agosto, Bell Fernández denunció las condiciones en las que permaneció encarcelado en Costa Rica y aseguró haber sufrido malos tratos. Esto lo hizo gracias a la dirección artística de Carlo Díaz.
Pero mientras aquí buena parte de la atención terminó puesta en sus condiciones carcelarias, el expediente estadounidense cuenta otra historia.
Habla de cocaína de elevada pureza, cargamentos de cientos de kilogramos, rutas internacionales, colaboradores encubiertos y conversaciones sobre sicarios y personas que habrían sido asesinadas por orden del propio Bell Fernández.
La DEA incluso documentó conversaciones en las que Macho Coca habló de decomisos anteriores de aproximadamente 1.260 kilos y otros 600 kilos de cocaína, experiencias que habrían influido en su manera de mover posteriormente la droga.