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A lo que venimos: COVID-19 deja como enseñanza aplicar el trabajo por objetivos

*Por Eric Briones

El distinguido historiador nacional Vladimir de la Cruz refiere que “desde antes de Cristo se reconocen en la literatura y en la historia situaciones de esta naturaleza. Durante la Guerra del Peloponeso, probablemente por fiebre tifoidea, murió se calcula la cuarta parte de las tropas atenienses y la cuarta parte de la población, como un daño colateral, como lo llamarían hoy (…) en el siglo XIV se calcula que mató 20 millones de europeos. En el siglo XX son conocidas las epidemias de la llamada gripe española, cuya cepa es la H1N1, que llegó a matar cerca de 50 millones de personas en diversas partes del mundo, de ellas 500.000 en Estados Unidos.

“La H1N1 sigue considerándose como una pandemia por la Organización Mundial de la Salud (OMS). A ellas se sumaron las llamadas gripe asiática, de 1957; la gripe de Hong Kong, de 1968; la gripe rusa, de 1977, y el VIH-SIDA, que surgió provocando un pánico enorme en todo el orbe, estimando su efecto de muerte en más de 30 millones de personas solo en África, en donde en algunos países su impacto fue terrible (…).También se dieron la gripe aviaria, en el 2003, el Ébola”.

Como todos entendemos, entonces las pandemias no son nada nuevo para la humanidad. Más bien, las mismas generan cambios en las distintas disciplinas sociales a nivel mundial; por lo que, pasadas ellas, el ser humano debe aprender a replantearse lo que hasta ahora venía haciendo y sacar provecho para conjurarlas y/o adaptarse a un mejor futuro.

Ahora bien, en el ámbito laboral, hay un antes y un después del SARS-CoV-2. Un antes, en donde el mundo giraba en torno a la rápidez industrial, a la desmedida producción, a la indolencia humana sin importar en muchos países el trabajo decente o los derechos fundamentales propiciados por la OIT y lo que conllevan estos, dentro de las relaciones laborales; ya que lo importante no era el recurso humano, sino la producción desmedida, que viniera a crear consumismo y la necesidad de diferenciarse entre una y otra clase social.

Bueno, este tipo de situación social, la humanidad ya lo ha vivido, pero pareciera que se nos olvida, por lo que cada cierto tiempo, el mismo planeta nos lo debe estar recordando.

Es así como previo a las dos Guerras Mundiales del siglo pasado había un caos social en Europa, Asia y Africa; el hombre se había convertido en “lobo del hombre” (según el Leviatán, del filosofo inglés, Thomás Hobbes), no había fuentes de trabajo, había marcadas diferencias sociales, pocas oportunidades para las nuevas generaciones, discriminación racial, etc., etc y etc; esto conllevó a un nuevo orden social, que produjo la necesidad de bloques polarizados, creación de organismos internacionales que vinieran a generar paz mundial y presupuestos básicos mundiales, dentro de las relaciones laborales, por medio de la OIT, es decir, normativa básica de derechos humanos para el planeta.

Con estos antecedentes, no resulta dificil pensar que con esta pandemia del COVID-19, dentro de las relaciones de empleo, va a darse un después, en el que se posiciona el teletrabajo, el trabajo a domicilio y otras modalidades (flexibilización de jornadas, freelance, gig economy, servicios por plataformas, que deben ser regulados, dentro de principios propios del derecho social), que van a conllevar distanciamiento social y poca aglomeración en los centros laborales, es decir, se van a empezar a extinguir los lugares de acopio, tanto públicos como privados, en donde las personas desempeñan las labores y esto además merced a las nuevas tecnologías.

Esto debe hacernos reflexionar también en cómo se va a ejercer el derecho colectivo del futuro, por cuanto el mismo se ha desarrollado, hasta el día de hoy, dentro de un ámbito muy social, en el que la interdependencia personal y presencial han sido fundamentales.

Pero algo más importante que nos deja la pandemia, dentro de este después, es en cuanto al ritmo desmedido de trabajo que se ha dado hasta ahora y lo que es risible, que en muchos casos, sin eficacia alguna dentro del campo económico (México y Costa Rica son los países de América donde más se está en el trabajo).

Es que no se gana nada con estar horas de horas en un centro de trabajo, sino se trabaja motivado, sino se potencializa, lo que se conoce como “salario emocional”, es que el trabajo no se va o se está, sino que se debe hacer de manera ética, eficiente, proactiva y esto solo va a ocurrir si se tienen personas trabajadoras que se sientan estimuladas y no solo en cuanto al pago o remuneración, sino también en cuanto a la conciliación personal, laboral, social, espiritual y familiar.

De allí que a la hora de pensarse en regular y/o presentar nuevos proyectos para el área laboral se debe dejar de pensar en la concepción que teníamos hasta hace pocos meses y promover, por el contrario, nuevos paradigmas, como por ejemplo: cambios de jornadas, pero, en vez de aumentarlas, tenderlas a bajar, ya que las nuevas tecnologías de información y comunicación nos permiten el trabajo por objetivos, dentro de ciclos circadianos, conforme a las necesidades de cada quien; no es retroceder a los tiempos de la revolución industrial del siglo XVlll, sino adelantarnos a la cuarta revolución industrial (4.0), el de la inteligencia artificial, la robótica, la nanotecnología en pro del servicio a la humanidad para contar con más tiempo para vivir felices y en una justa repartición de la riqueza.

Es decir, repensemos lo que hasta ahora hemos realizado, ya que el trabajo se debe efectuar a partir de ahora con espacio y despacio, aprovechando lo que hemos logrado como humanidad, dentro de un contexto progresivo, pro homine.

*Doctor en Derecho Laboral

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