*Por Manuel Benavides Barquero
Sacerdote e historiador
Han llegado a su fin las entregas “Corrigiendo al Corregidor”, en torno a Pablo Alvarado.
Antes de agradecer al medio digital Qué Torta, a cargo del editor, consultor y periodista Roberto Acosta, y a todos ustedes por su paciencia al leerlos y divulgarlos, quiero hacer unas últimas anotaciones.
No sé si las insinuaciones en cuanto a que Pablo Alvarado debe ser declarado benemérito de la Patria han seguido.
Por si acaso, es bueno recordar lo que expresé en una de las últimas entregas: antes de hacer la propuesta en la Asamblea Legislativa deben aclarar los cuestionamientos que se han expuesto y, recalcando, con bases serias a nivel de la ciencia de la Historia, empezando por las primeras fuentes de los archivos centroamericanos.
A la Asamblea Legislativa, incluyendo en la petición a todos ustedes como lectores y divulgadores, le solicitaríamos vigilar para que los proyectos que se le presenten, por lo menos en el campo de la Historia, sean hechos con más seriedad por los proponentes.
No basta que un historiador haya hecho la justificación, debe verificarse con investigaciones recientes y con el respaldo de las escuelas de Historia de las universidades públicas y de la Academia de Geografía e Historia, antes de entrar en la corriente legislativa.
El procedimiento usado hasta ahora, no solo provoca situaciones que rozan lo ridículo, sino que también desperdician los recursos públicos con el trabajo que provocan a asesores de diputados y las respectivas comisiones.
Hay ejemplos en estos últimos años con lo que explico lo que quiero decir.
El proyecto para cambiar la fecha de la celebración de la Independencia de setiembre a octubre, felizmente rechazado, padeció de una justificación histórica deficiente, a pesar de la vehemencia con que fue redactado.
Pero, el último proyecto presentado por algunos cartagineses sobre declarar el acta de Cartago como símbolo nacional, suponiendo que es el acta de todo Costa Rica, topo con mejor suerte, pues la Comisión de Asuntos cartagineses lo aprobó, a pesar de que las deficiencias de la justificación histórica son mayores.
Se comprende que aquí no puedo anotar todas las pruebas, pero son necesarias algunas.
El proyecto, en su trayecto legislativo, pasó por tres redacciones. De una a otra hay cambios en el fundamento histórico sin ninguna explicación.
Por ejemplo, en la primera redacción se manifiestan bastante negativos con la Capitanía General de Guatemala para afirmar que ya no pertenecíamos a ella, sin embargo, en la segunda redacción, sin explicar las razones y bases para el cambio, se muestra bastante conciliados y amigos de esa Capitanía.
Asimismo, siguen padeciendo de la equivocada comprensión no solo de las instituciones de las Cortes de Cádiz, sino también del sentido de las palabras de aquella época, como he explicado en varias entregas.
Usan de un artificio poco serio a nivel de la ciencia histórica para un proyecto que debe respetar, en primer lugar, al pueblo costarricense y, en segundo lugar, a la misma Asamblea Legislativa.
Al enterarse de los cuestionamientos que se les hace, usan la táctica de eliminar del proyecto la afirmación equivocada, sin dar explicaciones, redondear a su favor nuevos argumentos, pero igualmente limitados, sin citar la fuente.
Rehúyen la información que ellos mismos recolectaron, para aparentar seriedad, al consultar instituciones públicas si tenían algún pero sobre la propuesta; esto se nota claramente en que la mayor parte de instituciones consultadas no se relacionan con el campo de la historia y no pusieron ningún pero por razones obvias, pero a las pocas que tienen que ver con la materia y que contestaron negativamente con bases históricas, no las toman en cuenta, tales fueron, si mal no recuerdo, la respuesta de la Municipalidad de San José, la del Museo Nacional, la del Archivo Nacional y las escuelas de Historia de las universidades públicas. El recurso fue eliminar esa parte de las consultas en la última redacción.
La táctica usada les cobra caro, cada vez más, su error, al punto de que en la tercera redacción que aprobó la comisión mencionada, la parte histórica se redujo notablemente y el espacio libre se rellenó con una reproducción, al estilo de los libros escolares, de los símbolos nacionales existentes. Hay que ser más serios y la ciudadanía debe vigilar con más atención.
Para terminar, agradezco una vez más al periodista Roberto Acosta y su medio digital por apoyarnos con la publicación de estos pequeños artículos.
Es un gran servicio el que nos presta para hacer circular entre la ciudadanía estas investigaciones históricas; estas son necesarias, no porque su autor sea inmune al error, sino porque el intento se hizo con la seriedad posible para ayudar a evitar la tragedia apuntada por Gilbert Chesterton en sus escritos: “No podemos estar seguros de estar acertados sobre el futuro; pero podemos estar casi seguros de equivocarnos sobre el futuro si estamos equivocados sobre el pasado”.
*El autor es académico correspondiente de la Academia de Historia y Geografía de Guatemala. Premio Cleto González Víquez 2022, de la Academia de Geografía e Historia de Costa Rica.







