*Por José Eduardo Mora
Especial de EL JORNAL para ¡Qué Torta!
Una vez más, Costa Rica asistirá a la Copa Oro sin objetivos claros. En la última conferencia de prensa se dejó entrever que servirá para observar jugadores.
Contrario a lo que sucedió en el Mundial de Catar 2022, al que se asistió y se dijo que la Selección iba a ser campeona y al final se hizo el ridículo, en esta ocasión no se ha dicho nada claro sobre cuáles son las aspiraciones del equipo dirigido por Luis Fernando Suárez.
El Salvador y Panamá son los dos rivales conocidos más un tercero que se unirá al grupo C de la Tricolor.
Un posible adversario sería Martinica, que ya en su momento metió en dificultades al equipo costarricense.
Costa Rica nunca ha ganado la Copa Oro. En el 2002 llegó a la final y perdió contra Estados Unidos. En 1993, con una selección alternativa, el conjunto dirigido por Álvaro Grant McDonald logró un tercer lugar muy honroso, pero en general las participaciones ticas han sido deficientes.
Ahora, con el entrenador Luis Fernando Suárez, la verdad es que el aficionado no sabe a qué atenerse, pues no hay claridad de metas y objetivos y el hermetismo del técnico no permite vislumbrar hacia dónde apunta la Selección.
Es una lástima que un torneo al que México y Estados Unidos sí le han dado su lugar, no sea el caballo de batalla de nuestro fútbol.
Es una oportunidad para brillar, pero cada vez cuesta más, no solo porque el nivel es más exigente, sino sobre todo por la falta de claridad por parte de la Fedefútbol.
La edición 2023 no parece que vaya a ser un punto de inflexión para Costa Rica. Se repetirá la historia y se repetirán las excusas.
Periodista, escritor y comentarista. Premio Nacional de Periodismo Pío Víquez. Esta columna se publica a diario en FXD y EL JORNAL
