- El chef español que puso a La Lluna de Valencia en el mapa mundial falleció a los 77 años.
La gastronomía costarricense está de luto.
El chef español Vicente Aguilar, reconocido por convertir a La Lluna de Valencia, en San Pedro de Barva de Heredia, en un referente de la mejor paella del país, falleció a los 77 años, según confirmó su familia la tarde de este Viernes Santo, 3 de abril del 2026, a través de las redes sociales del restaurante.
Su despedida será este Sábado Santo, 4 de abril, con una misa a las 10 a. m. en la iglesia de Barva, donde familiares, amigos y clientes le darán el último adiós a un hombre que hizo de la cocina un arte.

De una mochila y $200… a la élite mundial
La historia de Vicente Aguilar no es cualquiera.
Llegó a Centroamérica en 1980 con apenas $200 y una mochila llena de ilusiones. Pasó por Nicaragua, El Salvador y República Dominicana, hasta que encontró en Costa Rica el lugar donde sembraría su legado.
Pero antes de los fogones, su vida dio giros inesperados: ingresó a los frailes a los 10 años en Valencia y salió a los 30, ya formado como hombre, para luego involucrarse en proyectos internacionales con organismos como Naciones Unidas y la Unión Europea.
La cocina, sin embargo, siempre estuvo ahí. Y fue en Costa Rica donde decidió apostar todo.
La receta del éxito: arroz, paciencia y oficio
En 1995 abrió su restaurante con una idea clara: hacer algo distinto.
Arrancó con un menú sencillo —tortilla española, paella, embutidos y sangría— y con un modelo casi artesanal: él cocinaba y su esposa atendía.
No fue un boom. Fue algo más difícil: crecimiento constante. “No somos un restaurante de moda, sino clásico, lo que garantiza la calidad”, decía. Y tenía razón.
De Barva para el mundo
El nombre de La Lluna de Valencia cruzó fronteras.
En el 2017, Aguilar alcanzó uno de los hitos más grandes de su carrera al obtener el tercer lugar en el Concurso Internacional de Paella Valenciana de Sueca, en España, considerado el más antiguo y prestigioso del mundo.
En aquella edición, con 40 participantes, se metió en el podio mundial, llevándose el bronce y colocando al país en el mapa gastronómico internacional.
No era casualidad. Era oficio. Era técnica. Era leña, fuego y paciencia.
Más que un chef, un artesano
Vicente no se definía como chef, se definía como artesano de la cocina y eso se notaba en cada plato.
Entendió algo clave: al costarricense le encanta el arroz… y supo elevarlo a otro nivel.
Su visión no solo se quedó en el restaurante. Incluso proyectaba llevar su marca a supermercados con productos gourmet, apalancado en el prestigio que construyó durante décadas.
Un legado que queda vivo
Con su partida, no solo se va un cocinero, se va una historia de esfuerzo, de migración, de identidad… y de sabor.
Se va el hombre que agarró una olla, fuego de leña y arroz… y los convirtió en un símbolo.
Pero su legado queda servido en cada plato, en cada cliente que volvió una y otra vez, y en cada paella que llevó su sello.
Porque hay personas que cocinan y hay otras… que dejan huella. Hasta siempre, maestro.







