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Presidente Rodrigo Chaves dice que va a “poner orden” en el pleito por las frecuencias

Tras el tanate por los altos precios de entrada en la subasta de frecuencias de radio y televisión, el presidente Rodrigo Chaves anunció que este miércoles, en conferencia de prensa, aclarará el tema y responderá a quienes, según Casa Presidencial, han desinformado a la opinión pública.

Foto: Casa Presidencial, Johanfred Bonilla.


La subasta se abrió porque varias concesiones llegaron a su vencimiento y, por ley, deben renovarse mediante un concurso público.

El tema ha estado en el ojo del huracán, pues la base para pujar por las frecuencias ha sido señalada de alta e impagable. Incluso, emisoras tan importantes como radio Columbia no participaron, como lo explicó la directora de Hablando Claro, Vilma Ibarra, este lunes 24 de noviembre.

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«El viernes pasado a la medianoche se cerró la recepción de ofertas para la subasta del espectro radioeléctrico… y nuestra cadena de emisoras Columbia no participó. Estoy hablando de esta emisora, de la 98.7, de nuestra hermana Columbia Estéreo, de Radio 2 y de Amplify”, dijo.

Además, algunas emisoras de corte musical, evangélicas y católicas tampoco participaron.

«El Presidente corregirá las declaraciones que han hecho algunas personas con el fin de desinformar a la opinión pública», dice un comunicado de presidencia.

Por ejemplo, una concesión de televisión nacional exige un pago anual de ¢7,5 millones durante 15 años, pero el precio de entrada supera los $1,6 millones (cerca de ₡793 millones, al tipo de cambio actual). En el caso de una FM en el Pacífico Central, el precio base es de $37,890 (unos ₡18,8 millones) mientras que la cuota anual ronda entre ¢96 y ¢193 millones, según la categoría de la frecuencia.
Estos precios base no los define Zapote, sino SUTEL mediante una metodología técnica establecida en reglamento.

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En el caso de las televisoras nacionales, la traba está en la entrada: el precio base es altísimo, pero una vez adentro el canon anual resulta relativamente manejable. Con las radios regionales ocurre lo contrario: entrar parece barato, pero la cuota anual es tan pesada que termina ahogando a los concesionarios.

O sea, para la TV, la barrera es entrar; para la radio, la barrera es sostenerse. Y ahí es donde el Presidente busca poner orden, porque lo que está en juego no es solo un dial, sino quién puede seguir hablando y quién se queda callado.

El presidente promete poner orden en medio del ruido. La subasta del espectro radioeléctrico no es solo un trámite técnico: define quién tiene voz y quién se queda fuera. Y en ese terreno, lo que está en juego no es un dial, sino el acceso de la gente a la información.

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