Parece mentira, como muchas de las cosas que han salido a la luz en las últimas semanas desde la intimidad penitenciaria del país, pero son casos de la vida real.
En las cárceles, los reos disponían de decenas de microondas para calentar la comidita que les llevaban. Son artículos que colocaron en los patios e incluso en los aposentos donde reciben las visitas conyugales.
Esto suena muy pintoresco y hasta inocente, pero nadie nunca se cuestionó hasta qué punto podía representar un riesgo para la seguridad interna de una prisión.

Sin embargo, con el alto en seco del ingreso de las encomiendas, una vía por donde gente sin escrúpulos mete droga, celulares y otros dispositivos prohibidos, lo que significa un delito, ya es un sinsentido (aunque siempre lo fue) que mantengan esos microondas adentro.
Y por eso, la Policía Penitenciaria barrió con 263 microondas de los centros penitenciarios. La limpia se dio en 17 cárceles.
“Durante años estos aparatos permanecieron en patios y espacios internos porque ingresaban grandes cantidades de comida mediante encomiendas. Esa realidad cambió. Hoy tenemos reglas claras, controles más estrictos y una visión distinta de la gestión penitenciaria”, detalló el comisario Pablo Bertozzi, director de la Policía Penitenciaria, a través de un comunicado de prensa.
“Seguimos ordenando la casa. Si ya no entran cantidades excesivas de comida a las cárceles, tampoco tiene sentido mantener microondas en patios y módulos penitenciarios. Durante años se normalizaron prácticas que no contribuían ni al orden, ni a la seguridad. Esa alcahuetería se acabó”, disparó el ministro de Justicia y Paz, Gabriel Aguilar Vargas.
De los 263 microondas, las autoridades informaron que 238 sí sirven y serán donados a Cen-Cinai, comedores escolares, delegaciones policiales, hogares de larga estancia para adultos mayores y asociaciones que desarrollan programas de apoyo comunitario.






