*Por Carlos Barrón
Especial para ¡Qué Torta!
Sobrio, rayando en la mediocridad, la selección mexicana salió avante en Costa Rica, en lo que antaño era un territorio inexpugnable y que hoy es una aduana de transito sencillo.
Ganó 1-0 con penal de Orbelín Pineda y sin Gerardo Martino en la banca por problemas médicos. Pero lo mismo da, Jorge Thieler o Martino son el mismo sistema, con algunas injerencias y cambios de jugadores que siguen sin apasionar a la tribuna, en un método táctico más parecido al álgebra que aburre, aletarga y deja sin emociones al futbol.
Al final, la justificación es una: el resultado. México se encarama en los más alto del octagonal de Concacaf tratando de evitar pronto pánicos sin sentido como en otros tiempos, como en esos recuerdos aún frescos cuando rezaban para no perder en San José y alcanzar un sitio en el Mundial.
La actualidad es una historia diferente. El tremedal en que suele jugarse la zona de Concacaf obliga a resultados quirúrgicos por mucho que se anhele el futbol vistoso y con heridas sin cicatrizar aún por las derrotas ante Estados Unidos en Copa Oro y Nations League.
Tras las segunda fecha de #WCQ, @miseleccionmx sigue en la cima con paso perfecto, y @fepafut se colocó en el segundo puesto. pic.twitter.com/a8EuFXL9Cw
— Concacaf (@Concacaf) September 6, 2021
De Costa Rica simple nostalgia, no ya más aquel equipo colorido que ponía sazón a la eliminatoria, es hoy en día un manojo de confusiones y de ideas que se sigue aferrando a la imagen de Keylor Navas. Incluso por momentos, volviendo a las cavernas de esos años oscuros en que entender el futbol era dar más patadas al rival que al balón.
Hubo lapsos del juego en que a los costarricenses se les notaba la sangre subir al rostro en oleadas y parar sólo con faltas al rival. En una de esas Francisco Calvo hizo una barrida por la espalda a Alexis Vega para causarle un esguince de primer grado. La vieja premisa de golpear al talentoso regresó.
No es buena señal para Costa Rica lo mostrado y que su fuerza haya sido sólo en los últimos cuatro minutos del partido, los de compensación cuando entró Waston a hacer mas bullicio que orden en el área mexicana para implorar una oportunidad solitaria que llegó en los pies de Keysher Fuller cuando mandó un misil con comba al larguero de Guillermo Ochoa. No es justo para la afición Tica, tan refinada en los últimos años al buen funcionamiento, que su equipo prolongue la agonía y se esmere sólo en los segundos finales, pero así sucede en estos tiempos de Luis Fernando Suárez.
Keylor Navas sigue siendo la postal de una selección entre la vejez y la renovación, pero sobre todo, con el sentido heroico extraviado y que tantas ganancias le daba en el pasado. Navas, en las pocas ocasiones que fue requerido, atajó a su nivel y si Rogelio Funes Mori, argentino naturalizado mexicano le facilita las cosas, es mejor. El portero quedó mano a mano con el ariete que le tiró suave y abajo en lo que pareció más bien un lance de calentamiento del guardameta. Esta acción lo único que hizo fue avivar las llamas en las que se encuentra el argentino, nominado a la selección por encima de Javier Chicharito Hernández, máximo goleador del Tri y que en la eliminatoria, contando el juego ante Jamaica y Costa Rica, ya colecciona errores garrafales.
Mientras eso pasa, México no las vivió mal en San José, paraíso turístico que antes era una zona de guerra. Pocas veces como hoy se recuerda una placentera estancia en un sitio que avanzó a pasos agigantados en el futbol. Un penal sobre Andrés Guardado de Oviedo, de manera boba al patear la espinilla del rival, fue transformado en gol por Orbelín Pineda que demuestra desde ahora el nivel que lo tiene a las puertas del futbol español, disparando casi al compás del baile con el que celebra que aunque horrible, da satisfacciones.
Costa Rica, en vías de transformarse, está atorada en un bache del querer y no poder y acumula un inicio eliminatorio sin goles. Falta mucho camino, México está arriba sin gustar y Costa Rica abajo sin encontrarse, igual para como están las cosas, las distancias no son tan lejanas.
*El autor es editor del diario El Excelsior, de México
