En los dominios de Diablo, Alejandro Arias Monge, el hombre más buscado por la Policía desde setiembre del 2020 (así anunciado por el ministro de Seguridad, Michael Soto), una banda de entre cinco y seis maleantes vestidos de negro se metieron a la Academia Nacional de Policía, en Pococí, e hicieron lo que les dio la gana.
El golpe salió perfecto y se nota que fue planeado por la precisión con la que actuaron los delincuentes. Fue tan exitoso que nadie quedó grabado, pues en ese complejo no hay una sola cámara, ni mucho menos un circuito cerrado de televisión.
Sabían que todos los estudiantes salieron libres este viernes y que no había quedó ni uno en las instalaciones. Solo había ocho oficiales de seguridad custodiando toda el área que comprende la institución, donde se capacitan a los futuros uniformados.
Lo primero que hizo el grupo armado fue atacar a los dos guardias que se encontraban en la entrada y los amarraron.
Avanzaron hacia el área de comunicaciones y se llevaron 15 pistolas (berettas) y seis chalecos antibalas. El OIJ especificó que las prendas son azules, no se utilizan en operativos de calle y tampoco están rotuladas con los distintivos de Fuerza Pública.
De acuerdo con Luis Carlos Castillo, viceministro de Seguridad, dos de los vigilantes sufrieron serios golpes en diferentes partes del cuerpo y los trasladaron delicados al hospital de Guápiles.
Todo pinta a gatico casero o a la intervención de una banda de crimen organizado que respondería a los intereses de Diablo, quien manda en la zona. Meses atrás circularon audios en los que, aparentemente, el líder del grupo ofrecía ¢5 millones por la cabeza de cada agente del OIJ y otro dinero más por cada policía de Fuerza Pública.
En su momento, el narcodelincuente explicó en otro mensaje de voz que todo eso era falso y parte de un montaje. Lo cierto es que anda escondido.

Este asalto deja en ridículo, una vez más, los controles de vigilancia de los cuerpos policiales en el país.
Uno de los casos más vergonzosos es el que ocurrió en los Tribunales de Golfito, en marzo del 2009, cuando un comando se robó 320 kilos de cocaína.







