En el último año, la modelo y presentadora de televisión costarricense María José Montero ha pasado por las cuatro estaciones con altos y bajos.
La noche del 28 de setiembre del 2019 sobrevivió a un violento ataque sexual en Puerto Viejo de Cahuita, en Talamanca de Limón, cuando iba para un baño cercano a una reconocida discoteca de la comunidad caribeña.
Cuatro días después de esa traumática experiencia, el 2 de octubre del 2019, ella compartió su relato en un video en las historias de su perfil de Instagram.
A partir de ese momento, recibió miles de muestras de cariño y se multiplicaron los mensajes de apoyo.
A pesar de que el ataque estaba fresco en su memoria experimentó una primavera y un verano tempraneros. Poder contar lo que le pasó representaba una alegría enorme, un sensación de agradecimiento hacia quienes la dejaron viva. “Agradecerle es a Dios que estás viva, no a una persona que casi te mata”, reflexiona la mujer, de 34 años, en entrevista con ¡Qué Torta!
Pero luego se enfrentó al otoño y al invierno cargados de depresión, tristeza y ahora de ira.
Su caso sigue impune. Ella interpuso la denuncia en el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) de Heredia y luego pasó a la delegación regional de Limón. Aún no hay respuesta.

María José planea acudir en los próximos días a la Contraloría de Servicios del Poder Judicial con el número de expediente para saber qué pasó.
Impotencia y frustración
La agresión sexual dejó cicatrices. La modelo reconoce que ya no es la misma, que ve diferente ciertas actitudes de los hombres, que hay música que definitivamente no puede escuchar. “Eso me pone a pensar que hay mucho loco que anda suelto que cree que solo servimos para sexo”, manifestó.
Las noticias sobre la desaparición y búsqueda del cuerpo de Allison Bonilla o cómo un enfermazo en bicicleta le metió la mano debajo del vestido a una madre en Cartago, por poner un par de ejemplos, alteran el estado de ánimo de María José.
Asume su primer año de una nueva vida como un reto y se propone dar charlas presenciales o virtuales a mujeres que han enfrentado maltratos, que viven bajo el círculo de la violencia.
“La terapia es fundamental”, considera para aliviar ese dolor emocional.
También piensa retomar dentro de poco un programa de defensa personal para las mujeres que imparte un entrenador profesional. Se debió suspender por la pandemia de COVID-19.
“Si tuve la oportunidad de volver a respirar es porque algo tengo que hacer”, comentó.
Desde que grabó su video nunca más lo ha vuelto a ver y regresar de paseo a Puerto Viejo está lejos de sus planes.
María José no tiene miedo, pero reconoce que su luz se ha apagado un poco. Transita por la ruta de recuperar lo perdido.







