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La figura del presidente Rodrigo Chaves le aportó más de un millón de votos a Laura Fernández

La elección presidencial del 2026 dejó un dato que, más allá de la narrativa política, hoy puede medirse con números concretos: el peso electoral del presidente, Rodrigo Chaves, no solo existía, sino que se tradujo directamente en votos.

De acuerdo con los resultados oficiales del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), Laura Fernández Delgado ganó la Presidencia de la República con 1.243.141 votos, equivalentes al 48,53% de los sufragios válidamente emitidos en favor del Partido Pueblo Soberano (PPSO).

Pero el dato más revelador emerge al cruzar ese resultado con el más reciente estudio del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica: el 88% de quienes votaron por Fernández asegura que el respaldo de Chaves fue “muy importante” o “algo importante” en su decisión.

Traducido a números, esto significa que aproximadamente 1.094.000 votos —es decir, cerca de 43 de cada 100 votos válidos emitidos en el país— estuvieron directa o indirectamente influenciados por la figura del mandatario saliente.

El dato no es menor. Implica que prácticamente la totalidad del caudal electoral de Fernández estuvo atravesado por el respaldo presidencial, lo que convierte a Chaves en el principal factor de conversión electoral detrás del triunfo en primera ronda.

Incluso, al desagregar la intensidad de esa influencia, el estudio revela que alrededor de 932.000 votos responden a un impacto fuerte del presidente (personas que calificaron su respaldo como “muy importante”), mientras que unos 161.000 votos adicionales se ubican en un nivel de influencia más moderado.

A esto se suma otro elemento determinante: el 70% de esos votantes asegura que, de no haber existido el respaldo de Chaves, habría tomado una decisión distinta en las urnas. En términos políticos, esto no solo habla de influencia, sino de capacidad real de alterar el resultado electoral.

Pero ese arrastre no surge de la nada. El mismo estudio del CIEP muestra que la figura del presidente se sostiene sobre una base sólida: al cierre de su administración, un 60% de la población valora positivamente la gestión del gobierno, mientras que la aprobación personal de Chaves alcanza el 64%, su nivel más alto en los últimos dos años.

Además, al analizar la estructura de apoyo político, cerca de dos tercios del electorado se ubican en categorías de afinidad directa o indirecta con el mandatario, entre seguidores fieles y personalistas. Es decir, no solo contaba con popularidad, sino con una base electoral amplia y predispuesta.

En ese contexto, la victoria de Laura Fernández deja de explicarse únicamente por su desempeño como candidata. Los datos apuntan a una realidad más contundente: el oficialismo no solo compitió con una candidatura, sino con un capital político acumulado capaz de movilizar votos de forma efectiva.

Así, la elección del 2026 marca un punto de inflexión en la política costarricense reciente: por primera vez, puede medirse con precisión cómo el respaldo de un presidente en ejercicio, no solo influye en una campaña, sino que resulta decisivo para definir una elección en primera ronda.

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