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Experta afirma que ataque de Pitbull en Limón pudo prevenirse con educación y responsabilidad

La muerte de un hombre de 29 años en Cieneguita de Limón, tras ser atacado por un perro de raza Pitbull, pudo haberse evitado. Así lo señaló la doctora en Medicina Veterinaria y especialista en comportamiento animal, Mary Carmen Freimann, quien subrayó que la socialización y la educación son claves para prevenir agresiones.

Los pitbull son fuertes, pero no deben satanizarse. Foto ilustrativa, sin relación con el tema.

El hombre, de apellido Norman, fue atacado mientras paseaba al animal. El perro lo mordió en cuello, brazos y tórax; las heridas en el cuello resultaron fatales. Norman fue trasladado al hospital Tony Facio, donde falleció. El can fue sacrificado de inmediato, según trascendió.

Freimann explicó que cualquier perro puede morder, desde un chihuahua hasta un animal de gran tamaño, pero la diferencia está en la fuerza: “No es una cuestión de raza, es una cuestión de fuerza. Un ataque de una raza fuerte y grande es más peligroso que una mordida de un perro pequeño”.

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La especialista indicó que la agresividad suele tener raíces en la mala socialización y educación. “Si ya había mordido antes, como vi por ahí en comentarios, eso era un signo claro, significa que ya daba signos, que de cachorro fue expuesto a estímulos, a los cuales, de adulto, no les tendrá miedo».

En otras palabras, los estímulos que no se manejan en la etapa de cachorro se convierten en problemas de adulto.

Recomendó acudir a profesionales cuando los perros muestran señales de agresividad, como gruñir a niños o ancianos. “Lo que la gente hace es decirle al niño ‘no se acerque’, y eso no está bien. El problema no se corrige así”, agregó.

Sobre el sacrificio del animal, la doctora señaló que lo ideal es estudiar el entorno y evaluar si el perro puede ser reubicado y socializado. “No tengo el conocimiento del caso para saber con exactitud, pero siempre es mejor analizar antes de decidir”, concluyó.

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Un perro no nace agresivo, eso ocurre por la crianza, el descuido y la irresponsabilidad. La fuerza de un pitbull no es un pecado, es un hecho; lo que sí es pecado es soltar esa fuerza sin educación ni control. La tragedia en Limón recuerda que los animales no son culpables de su instinto, sino de cómo los dueños los forman.

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