El distrito Los Olivos, al norte de Lima, capital de Perú, amaneció aterrorizado con la muerte de 13 jóvenes que intentaron huir de la discoteca Thomas Restobar para evitar ser capturados por la Policía.
Dentro del local habia una fiesta clandestina, que denunciaron los vecinos, pues el gobierno central ha prohibido cualquier actividad de este tipo ante la emergencia de COVID-19.
Al llegar los oficiales se desató una estampida humana, pues decenas de clientes trataron de salir por una puerta trasera del local que daba a la calle. Fue tal la aglomeración que muchos no pudieron salir y quedaron pegados; esto formó un tumulto y la mayoría de víctimas fallecieron asfixiadas. Seis personas resultaron heridas.

La descripción de la tragedia la brindó el general Orlando Velasco Mujica, comandante general de la Policía Nacional de Perú, a medios locales.
“Las personas que estaban en el segundo piso y las escaleras daban justo a la calle. Al finalizar las escaleras había una puerta metálica que abría para adentro, entonces en esas circunstancias las personas se ponen nerviosas, algunos empezaban por salir y se cierra la puerta. Todos en su desesperación por salir se quedaron atrapados, también nuestro capitán con dos policías más”, declaró Velasco a la emisora RPP.
Las autoridades capturaron a 22 personas en el operativo. El Ministerio de Salud de Perú confirmó que se les aplicó la prueba de coronavirus y 15 dieron positivo.
Jorge Montoya, ministro del Interior, informó que atraparon a una pareja de esposos, propietarios del establecimiento y se les abrió una investigación por operar ilegalmente e incumplir una orden sanitaria.
Velasco agregó que los policías abrieron la puerta con ayuda de sogas, trataron de dar los primeros auxilios a las personas que estaban aplastadas, unas detrás de otras y fueron trasladadas a centros médicos cercanos; 12 fallecieron de camino y una mientras era rescatada.
“Descartamos el empleo de gas lacrimógeno”, agregó el general. También se descartó el uso de armas de fuego.







