*Por José Eduardo Mora
Especial de EL JORNAL para ¡Qué Torta!
El fútbol costarricense colecciona fracasos en los últimos nueve años. En todas sus divisiones no hay un solo equipo que haya llegado lejos en una competición y que haya realizado un juego atractivo que obligue a los analistas a rendirse ante dicha exhibición.
Se infiere de lo que ocurre en la Sub-17, Sub-20, Sub-23 y la Mayor para dejar momentáneamente al fútbol femenino de lado, que no hubo directrices que marcaran el camino de a qué tipo de fútbol quiere y debe jugar Costa Rica en sus distintas categorías.
Y cuando eso pasa es porque la cabeza falla. Y en este caso se llama Rodolfo Villalobos y muchos de los que están a su alrededor y que llevan muchos años en la Federación y que no piensan irse con él, si finalmente, el actual presidente no se presenta a la reelección.
Costa Rica padece un mal endémico de falta de una administración inteligente, con metas y objetivos. Si ello no existe, en cualquier ámbito se va rumbo al despeñadero.
Ahora, la Selección que perdió fue la Sub-23 en los Juegos Centroamericanos y del Caribe ante Guatemala, país que, a difencia del nuestro, da signos de recuperación y prueba de ello es que ya fueron a su primer Mundial Sub-20.
La Selección Mayor juega tan mal que cuesta creerlo y si no es capaz de ganarle a El Salvador quedará de forma temprana eliminada de la Copa Oro.
Es una debacle total del fútbol costarricense, puntualizado en cada una de sus categorías. Y si todo falla en cada uno de los departamentos de una empresa, vaya si es fácil determinar las causas que llevan al despeñadero.
Son demasiados los intereses que hay entre medias en el fútbol nacional, que hacen que se nublen las decisiones y que los elegidos para dirigirlo lleguen ahí por meras aspiraciones políticas y personales.
Mientras tanto, el edificio futbolístico se cae a pedazos y no se dan cuenta, ceñidos, a como están, de que los huevos de la gallina de oro no son infinitos.
Periodista, escritor y comentarista. Premio Nacional de Periodismo Pío Víquez. Esta columna se publica a diario en FXD y EL JORNAL







