El 2024 cerró con señales alentadoras en el frente económico: la pobreza bajó, los salarios crecieron y la desigualdad disminuyó, según el informe del Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas (IICE) de la UCR, que se publicó este jueves 10 de abril del 2025.
Para un país acostumbrado a ciclos de estancamiento y cifras pesimistas, este reporte trae un respiro necesario… pero no definitivo.
¿Por qué decimos que el país respira mejor? Porque los datos lo respaldan:
- La pobreza total se redujo en 3,3 puntos porcentuales, mientras que la pobreza extrema cayó 1,1 p.p., al comparar diciembre de 2023 con diciembre de 2024.
- La desigualdad, medida por el índice de Gini, bajó de 0,505 a 0,492, una de las reducciones más significativas de los últimos años.
- El desempleo disminuyó ligeramente, de 7,3 % a 6,9 %, y la ocupación subió a 52,8 %, con más personas accediendo al mercado laboral.
- El ingreso real por hora aumentó 9,4 % en promedio y 5,8 % en la mediana. Sectores como salud, enseñanza e intermediación financiera reportaron los mayores crecimientos.
Según la investigadora del IICE Daniela Córdoba, este comportamiento se explica por un entorno económico más favorable.
“La baja inflación que tuvo el país durante el 2024 y el crecimiento económico mayor al esperado terminaron afectando positivamente al mercado laboral, los ingresos y la pobreza”, explicó.
Además, las transferencias sociales del Estado continúan siendo un amortiguador clave para muchas familias, aunque con matices.
El lado que aún pesa: exclusión, brechas y empleo precario
Pese a las mejoras, el informe no deja lugar a la complacencia. En el apartado de desafíos, se señalan claramente los puntos críticos que siguen sin resolverse.
- La pobreza extrema infantil aumentó en el segundo semestre del 2024, aún cuando la pobreza total infantil bajó levemente.
- Las mujeres con pareja siguen teniendo menos participación laboral que los hombres, lo que amplía la brecha de género.
- El empleo vulnerable se mantiene alto y la tasa de formalidad laboral disminuyó, especialmente en sectores como transporte, construcción y servicios personales.
- Aunque el Gini bajó, la desigualdad se estancó en los últimos seis meses del año, mostrando resistencia al cambio estructural.
En resumen
Costa Rica mejoró en los números, pero todavía no logra romper con la desigualdad de oportunidades. El país respira, sí, pero con peso. Y el reto no es solo sostener estas cifras, sino convertirlas en un piso más justo y equitativo para todos.







