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Corrigiendo al Corregidor: colaborando en aclarar los nublados del día

*Por Manuel Benavides Barquero
Sacerdote e historiador

El último biógrafo de Pablo Alvarado supone que, terminada su función como diputado en la Federación, en junio de 1826, decidió volver a Costa Rica. 

Sobre esa etapa de vida hasta las primeras noticias posteriores en Costa Rica, afirma que hay pocos datos, sin embargo, lo que pasa realmente es que sus biógrafos no han dedicado ,ni el tiempo, ni la técnica correcta al trabajo de archivo.

Habrá que esperar hasta que se les aclaren los nublados del día del presente y quieran buscar más allá de los datos que hay en el fichero del Archivo General de Centroamérica, en Guatemala.

Hay que ir más allá y tomarse el trabajo duro de revisar varios fondos, con una paciencia que su devoción por Pablo Alvarado de seguro se las proporcionará. 

Hay muchos datos sobre su vida, aquí solamente se ha propuesto una parte, porque no estaba en mis planes estudiar a Pablo Alvarado, pero viendo las faltas a la verdad histórica que se estaban cometiendo, me vi obligado a meterme al mencionado archivo.

Deben viajar hasta Quetzaltenango (Guatemala), porque su ídolo marchó hasta esa ciudad con su hermano sacerdote, cuando se le nombró párroco en torno a 1830, lo que explica que aparezca en un protocolo con una transacción legal en aquella región. 

Deben saber que su hermano sacerdote fue por mucho tiempo miembro del Senado de la Federación y tuvo que trasladarse a San Salvador, cuando se cambió la sede de la Federación, por lo que es “posible” que Pablo viajara con él hasta esa ciudad. 

Deben darnos más datos sobre el hecho de que Quetzaltenango nombrara a Pablo Alvarado su diputado suplente, tomando posesión el 12 de febrero de 1831.

Espero que esta última noticia no la tomen sus biógrafos para hacer una defensa de la cordura de Pablo Alvarado. Mejor no, sino tendría que hablar de algo bochornoso sobre la Federación en torno a la calidad de un gran número de sus diputados, el desinterés, la nulidad de conocimientos y las renuncias. 

Tendría, lamentablemente, que hacer referencia a los intereses de ascenso de Alvarado, mucho más claros en el campo diputadil. 

Asimismo, habría que referir la táctica de los pueblos de nombrar a personas de otras zonas para ahorrar un poco de dinero y quitarse de encima la molestia que esto suponía. 

Finalmente, abandonando el peligro de visitar el pasado para idealizarlo, habría que delatar a uno de los diputados secretarios de la Federación de esos años que se aburría tomando nota de las largas discusiones y se ponía a dibujar caras, burros y otros signos, en un papel tan sagrado como era el acta de un Congreso Federal.

Como hay vientos anunciando proyectos de benemeritazgo, esperamos que los biógrafos de Alvarado primero nos aclaren los nublados del día que se han planteado, eso sí, con toda la seriedad que pretende la ciencia de la Historia. 

No se aceptan, ni imaginaciones, ni opiniones personales, porque, según las ideas de Chesterton, tendríamos que esperarnos otros 200 años para que las versiones periodísticas liberen la verdad.

*El autor es académico correspondiente de la Academia de Historia y Geografía de Guatemala. Premio Cleto González Víquez 2022, de la Academia de Geografía e Historia de Costa Rica.

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