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Carlos Morales: “Los medios han estupidizado a la gente, la campaña política se puede hacer a puro Tik Tok”

A sus 75 años, Carlos Morales Castro, primer licenciado en Periodismo del país (se graduó en la Universidad de Costa Rica), con amplia trayectoria en los principales medios y quien cimentó las bases de un periodismo duro, enfocado en el servicio público, reflexiona sobre el proceso electoral y cómo al costarricense le falta criterio para escoger, una tarea que pesa aún más con esa sobremesa de 25 candidatos.

Reconoce que su vida está más concentrada en el arte, la literatura, las series de televisión y el cine nórdico y la publicación de sus obras (ha producido más de 25), la última llamada Cosas de mujeres, que está recién salida del horno.

Carlos Morales acaba de publicar su novela llamada Cosas de mujeres.

Dirigió el Semanario Universidad durante 22 años, trabajó ocho años en La Nación y creó la sección Áncora de ese diario. Fue profesor más de 30 años en la escuela de Periodismo de la Universidad de Costa Rica (UCR).

No está tan metido en el mundo de la prensa como lo estaba antes, sin embargo, sí saca un espacio de su agenda para analizar el papel de los medios de comunicación y de las redes sociales en la formación de una opinión seria y responsable del electorado sobre cuál el presidente debería dirigir los destinos de Costa Rica por los próximos cuatro años.

El panorama, de entrada, pinta oscuro por la superficialidad de los contenidos, los intereses comerciales de los medios (que juegan un papel determinante) y el sesgo ideológico de los periodistas.

Habla de que el periodismo se convirtió en una “baratija” y que los medios de comunicación han “estupidizado” y “atontado” a la gente. Esta es la primera parte de la entrevista:

  • ¿Cómo se valoraba hace unos años en Costa Rica el interés periodístico? ¿En qué se basaba un reportero para determinar que un hecho fuese objeto de noticia?

Hace unos cuatro años le di una entrevista al periodista José Eduardo Mora (Premio Nacional de Periodismo Pío Víquez 2018), para el periódico Universidad, y dije que el periodismo estaba destruido.

La entrevista tuvo mucha repercusión y no me arrepiento de eso que dije, no creo que me equivoqué, pienso que se está confirmando. Cuando dije que estaba destruido, me refería a que el periodismo, en su naturaleza, es un ente de servicio público, era un sacerdocio, un trabajo, un oficio que ponía su atención en la manera de servirle a la gente la información necesaria para poder vivir, porque sin información adecuada la gente no puede escoger, no puede decidir entre un veneno y un jarabe.

Ese criterio del periodismo, como servicio público, está basado en el origen de nuestra prensa occidental, aunque no cambia mucho en otros continentes. Toma el modelo de la prensa norteamericana, la prensa gringa de los años 50 del siglo XIX (1850), la prensa de Bennet, de Dana, de Pulitzer, la prensa de Randolph Hearst, todos muy grandes periodistas que tenían la visión puesta en informar con base, precisamente, en el interés público, porque es lo que a la gente le interesa, lo que le importa.

Ese valor clave, fundamental del periodismo, que le dio sustento a nuestra profesión, por dos siglos, se perdió completamente, porque ya no se basa en el interés público, sino en el interés de los dueños de los medios, de las corporaciones, en el interés del presentador, en el interés del que maneja la comunicación.

Eso destruyó el periodismo. Ese es uno de los aspectos por los que dije que el periodismo estaba destruido. No quita que estaba diciendo también que los periódicos diarios van a cerrar, como ya han ido cerrando. Philip Meyer, el gran teórico norteamericano, había anunciado que para el 2023 no quedaría ningún periódico diario en Estados Unidos, que todos habrían desaparecido. Pueda ser que no se le cumpla el vaticinio, pero no quiere decir que no esté en lo cierto. La prueba es que ya están muriendo, ya cerró el Boston Globe, ya cerró el Christian Science Monitor, el Herald.

Ese periodismo se está muriendo, porque se está produciendo una distorsión, provocada por los mismos medios de comunicación, con base en los intereses consumistas que marcan nuestro tiempo.

Ya la gente no reclama, ni espera un periodismo informativo.

Ahora espera otro tipo de contenidos, de mensajes que sean más afectivos, que les lleguen más al corazón que a la mente, que les den más satisfacciones de entretenimiento que de pensamiento, de diversión, que de entendimiento. Entonces, estamos en otro mundo. El periodismo que yo conocí, en el que me eduqué, en el que hicimos academia, ese periodismo prácticamente no existe.

  • ¿Y el interés público cambió?

Yo creo que cambió, porque los medios de comunicación lo fueron confeccionando. Esto data de los años 60 del siglo XX (1960), cuando comienza a producirse aquel cambio en lo que se llamó “infotainment”, que es la mezcla de información con entretenimiento. Comenzaron a darse fenómenos en Europa, en Alemania, incluso en Rusia, donde los medios de comunicación buscaron mezclar la información con el entretenimiento, porque era la mejor manera de vender la prensa y finalmente se quedaron solamente en la frivolidad nada más y la información se fue para el carajo.

En aquella época se dieron fenómenos tan particulares, como el caso de aquella mujer, presentadora de televisión rusa, que estaba dando información sobre accidentes y sucesos, y se iba quitando las prendas de vestir hasta quedar desnuda. El entretenimiento era lo que importaba, la desnuda era lo que importaba, no la noticia.

Mientras tanto, en los Estados Unidos, la gran cuna del periodismo moderno, se generaba el fenómeno de la escuela novelística de Tom Wolfe, de Norman Mailer, de todos los seguidores del “new journalism”, que mezclaba la información con la subjetividad. Comenzaron a hacer novela del periodismo.

Todos estos fenómenos sociológicos se fueron dando de modo conjunto y fueron transformando el periodismo duro, el informativo que conocimos y en el que se educaron los grandes periodistas. Queda muy poco de eso, podemos decir que en Estados Unidos quedan algunos, todavía uno puede leer el último libro de Bob Woodward que se llama Miedo, sobre la época de Donald Trump en la Casa Blanca. Entonces, se encuentra ahí un periodista que investiga, que tiene muchas fuentes, que tiene muchos datos, que los contrasta y que nos da información y no nos ofrece ninguna pavada para atraernos.

El periodismo se fue transformando en baratija, en entretenimiento, en diversión para la gente y la gente comenzó a degustar eso. Porque la gente no sabe exactamente lo que quiere. A la gente le gusta lo que le ofrezcan si se lo adornan bien. Si usted le ofrece cada vez más diversión a la gente, la gente se enamora de eso y se olvida del pasado real, de la real politik.

Eso fue provocado por los mismos medios de comunicación, que fueron estupidizando y atontando a la gente. Yo veo un nivel de estulticia (tontería) en nuestro tiempo, que pienso que es provocado por esos medios de desinformación que no enseñaban, que no educaban, que no están entrenando a la gente para comprender, para interpretar, para valorar las cosas, sino que la están llenando de baratijas, de frivolidad, de diversión y de entretenimiento. De Chinamos.

  • ¿La industria cambió la forma de hacer periodismo para su conveniencia?

Me parece que hemos (los medios) estupidizado a la gente, que la gente (las masas) cada vez está más tonta. En este país, hay un millón de gentes que no han terminado la secundaria, tenemos un nivel de interpretación y de capacidad de lectura mínimo. Hay muy pocas personas en Costa Rica que se leen un libro al año. Es una cosa vergonzosa y va para atrás. Todo eso nos lleva a una circunstancia que considero de estulticia, cada vez me parece que mis conciudadanos se comportan más torpemente, menos inteligentemente y el periodismo yo lo siento culpable. Basta medir con los resultados de la educación media o hablar con graduados que dicen aperturar, direccionar o se agarran de la palabra TEMA como perico ligero en huracán.

Me acuerdo muy bien lo que hacíamos en la prensa de los años 70, una cosa totalmente diferente.

No se puede juzgar con otros valores como los del periodismo académico, el periodismo duro, clásico, de los años 50, 60, con lo que está pasando ahora, porque es otra cosa.

Incluso, ahora es otra cosa lo que está divulgándose. Ahora, la televisión es la que manda y las redes sociales, pero sí se puede sentir que hay un nivel de apreciación y de comprensión de mensajes mucho más limitado.

La gente que dejó de leer tiene menos capacidad para comprender, para interpretar, para valorar y para desenvolverse en la vida, porque la lectura, está probado, que es un modo de adquirir esas capacidades, y aquí la gente no lee, la gente cada vez lee menos y además hay una gran cantidad de personas con la secundaria incumplida, no termina la secundaria; de modo que, la respuesta es darle a esa gente lo que la gente necesita y, ¿qué es lo que la gente necesita?, lo mínimo.

Esa gente no puede disfrutar un artículo de filosofía de un pensador importante, porque no lo entienden, entonces tienen que tener el espectáculo, o sea, el show televisivo en el Parque Viva, la carrera de autos, la corrida de toros, los deportes vulgares, o el fútbol, que es pan y circo, no obstante que me gusta.

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