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Carlos Morales: “Los medios de comunicación han estupidizado a la gente, la campaña política se puede hacer a puro Tik Tok” (parte III)

Esta es la tercera y última parte de la entrevista con el experimentado periodista Carlos Morales Castro:

– ¿Cómo valoraría el abordaje de los medios de comunicación a la hora de elegir un presidente, es decir, de la campaña política?

Para valorar lo que está haciendo cada medio, debemos correr el riesgo de no ser justos, porque es un periodo muy especial de agitación, un periodo de movimiento en el que tienden a recuperar ciertos valores del viejo periodismo, tienen ganas de reportear por ahora, entonces buscan programas, preparan equipos, alistan unidades móviles, se mueven como reporteros de antes. Eso no lo hacen en una época normal. En tiempo normal usted no saca una unidad móvil de una televisora, si no es para un gran incendio.

En este periodo de elecciones se mueven un poquillo más, digamos que reportean un poquillo más. Se acuerdan, no lloran, pero se acuerdan.

Sin embargo, creo que tienden a fallar según su ideología. Por ejemplo, hay que despedazar al candidato que no nos conviene y hay que ponerle la alfombra al candidato que nos conviene.

Entonces, uno puede ver entrevistas que salen en la prensa, en la televisión, suaves y duras. Las duras van contra el enemigo, las suaves van a favor del amigo. Entonces, es un contraste muy lamentable que muestran la parcialidad de los medios de comunicación de acuerdo con sus intereses económicos. Porque ahí está detrás la plata, no solamente la plata que están invirtiendo ahora, sino la plata que les van a invertir si ganara uno de esos candidatos.

Esos valores están en juego y los reporteros son, de algún modo, enviados a hacer lo que al medio le sirve. Un medio, por ejemplo, puede decir: ‘Bueno, a este candidato lo entrevista fulano o fulana’. ¿Por qué? Porque fulano no va a poder preguntar nada porque no tiene mucho talento o mejor otro que es incisivo y además venenoso y que le va a caer duro a este otro enemigo. Así se planifica un poco eso, me parece, y el resultado es que tengamos una información distorsionada también.

Hay algo bueno que son los debates, en algunos casos, con un formato muy mal organizado, pero en otros casos bueno. Ese formato permite conocer a los candidatos y si son sometidos a una pregunta difícil uno puede ver cómo se desenvuelven, cómo se comportan, uno puede obtener de allí una cierta idea de si puede votar o no votar. Sobre todo en este nivel de incertidumbre en el que no sabemos por quién votar. Me parece que en los debates a veces se acierta, se nota la ausencia de la academia, que en el pasado las universidades públicas eran las que hacían los debates y eso le daba un respaldo más objetivo.

La presencia de escuelas de la universidad hacía que hubiese un equipo asesor preparando preguntas, entonces la academia era la que les preguntaba a los candidatos, ahora quienes les preguntan a los candidatos en un debate son unos presentadores. Que ahora no hay diferencia entre presentador y periodista. Todo presentador se siente periodista y todo periodista se siente presentador. Es algo de figuración “hollywoodense”.

– ¿No deberían los medios de comunicación tradicionales, esos que ya los jóvenes no sigan tanto o sigan en menor cantidad y prefieran ver a la joven de 800.000 reproducciones en Instagram para informarse por quién votar, adoptar una posición de decir abiertamente a cuál candidato apoyan o no? Como sucede en Nueva York, con el New York Times; como sucede con el Washington Post o Fox News o CNN.

Aquí nunca se pudo hacer eso, porque aquí los medios siempre jugaron con el pendejismo costarricense, con la idea de pendejitos que tenemos de no quemarnos mucho, de no decir y de no dar la cara, sino de disimular más bien, aparentar que somos neutrales.

Debería ser así (que los medios digan abiertamente a cuál candidato apoyan). Esa es la gran enseñanza del periodismo norteamericano, que prácticamente se definió desde el siglo XIX (1850) por republicanos y demócratas. Pero aquí, con tal de ver que les sirve mejor en el mercado, juegan a medias tintas.

La Nación mantuvo una identidad oculta, es decir, nunca dijo claramente cuál era su posición partidaria. Sí decía más o menos cuál era su ideología, pero no su posición partidaria. Se podía suponer detrás de cuál partido iba. Nunca fueron francos, nunca lo han sido. Tampoco ahora lo son. Pero se les notan las costuras.

Entonces, el elector no sabe a qué atenerse y puede ser sometido a engaño y por ahí pueden entrar las noticias falsas, todas las manipulaciones, en que cree que está leyendo un periódico que era, como el de los viejos tiempos, de servicio público y en verdad no es de servicio público, sino de servicio privado, para el servicio de ellos. Pasa con todos los medios aquí. En este momento, más bien la libertad amplia se da en las redes sociales, porque ahí se da todo, ahí se da la porquería. Ahí cualquier imbécil que tenga un celular se convierte en presentador, periodista, locutor y actor de cine.

Entonces, ahí hay tal amplitud que hay libertad. Claro, el problema es encontrar la verdad, ¿cómo hacer para encontrarla en medio de ese mundo?

– ¿Cómo analiza que una persona que ve el video de una joven, con 800.000 reproducciones en Instagram, se base solo en ese video para tomar una decisión de por quién votar?

No hay que subestimar a las redes sociales, ni sobreestimarlas. Hay que tener mucho cuidado, porque pueden ser muy buenas, ya lo dije, pero también pueden ser muy malas.
Yo no tengo redes sociales. Tengo una frase en mi correo que puse desde los 90, creo, cuando nació la primera red social, que dice: ‘No estoy en redes sociales, si quiere saber algo sobre lo que estoy haciendo vaya a esta página’. Sin embargo, como comunicador tengo los contactos necesarios para que me informen sobre lo que está pasando en redes, porque soy muy curioso y quiero saber lo que está pasando.

Ese video, que se hizo viral, que se convirtió locura en Costa Rica, por supuesto que lo vi. Se ha pensado mucho que ese video es de gran eficacia para los electores. Yo no creo en eso. Yo no creo que las redes sociales tengan la penetración y el convencimiento, la persuasión que la gente supone. Mi amigo Juan Diego Castro tenía miles de seguidores en redes sociales y de un momento a otro se deshizo. Sus seguidores no necesariamente fueron votantes, les dieron votos a los diputados. Pero Juan Diego no tuvo el resultado que él suponía que iba a obtener. Yo se lo decía siempre y por eso puedo decirlo aquí, como una especie de infidencia, pero es una cosa que yo hablé mucho con él.

Las redes sociales son un elemento muy instantáneo, muy efímero, se te pega, impacta, pero se te borra instantáneamente con la otra red social. El siguiente mensaje te borra el anterior y la abundancia hace que eso no sea eficaz, pegador. Me parece a mí, puede que esté equivocado.

Creo que ese no es el camino, aparte de que pueden hacer cosas muy buenas.

Ese video que hizo una joven muy linda, con mucha habilidad, probablemente con un guion de memoria y elaborado, por supuesto, por un partido, aunque no se diga yo lo veo muy claro. Me pareció muy artístico y muy bien hecho. Me parece que el que se haya convertido en viral es porque tiene méritos. Es persuasivo, pero no creo que sea tan persuasivo como para que consiga llevar a la gente a votar. No determina una elección. Pienso que la gente va a poner en balanza otros valores, entran mucho los valores personales, regionales. Por ejemplo, cómo va a afectar al habitante de la provincia de Guanacaste, uno no puede votar por quien va a cerrar el aeropuerto, porque nos da trabajo.

Si uno es periodista, alguien que va a cerrar los periódicos no nos sirve. Y entran, el aspecto familiar, la tradición partidaria de la familia, etc., son elementos que juegan.

También juegan otros como la capacidad de transporte del candidato en el día de las elecciones, eso es muy importante. Personalmente, en mi condición, creo que yo valoraría el equipo que trae el candidato para gobernar. Eso es lo que me interesa. Eso es lo que me parece relevante, porque eso podría conducir a un gobierno que sepa para dónde va, no como estos dos anteriores, que no sabían para dónde iban, que eran dos rejuntados, el rejuntado del PAC y el PUSC, con gente que fueron llenando campos y que no sabían lo que estaban haciendo y como se ha demostrado tan lamentablemente.

Estos grupitos, de los 25 que han salido, no tienen gente ni para llenar los puestos de rigor. ¿Qué canciller va a poner el Frente Amplio? Si las relaciones internacionales requieren de un nivel de manejo globalizado, sumamente complejo, polidiomático, polifónico. ¿Vamos a poner como canciller a quién, a una chancletuda? No puede ser. Y eso lo digo porque se me ocurre en este momento, pero vale para el PAC y vale para 22 de los 25 partidos.

– ¿Qué le parece que un Greivin Moya, que una Pilar Cisneros, que un Fabricio Alvarado estén metidos en política?

Muy lamentable en la medida en que si habían abrazado la profesión, como se abrazaba la profesión en los tiempos nobles del periodismo verdadero, entonces la política no es una salida, porque la carrera profesional lo conducía a uno por el nivel de neutralidad, entre comillas, que no le permitía bandería política descarada, porque eso no era un paso normal. Eso es como el que escoge el sacerdocio, se hace cura y termina bailando en un club nocturno de gays sin sotana ni nada. No tiene sentido, no es así. Es mi punto de vista, puedo estar equivocado.

Me parece lamentable que un reportero tan bueno como Greivin Moya haya pensado que puede servir para diputado, lo que va a hacer es el ridículo, bueno, está haciendo el ridículo, no está ni en el margen de error.

Pilar, exalumna mía, necesitó un poco volver a las luces, porque había estado mucho tiempo en los focos de la televisión, los buscó por una vía equivocada. Pilar Cisneros era una buena periodista, no solo presentadora, hizo mucha dirección de televisión con beligerancia y entonces creyó que aportando esa beligerancia a un partido nuevo, de recurso nuevo, podía volver a figurar. De hecho, ha vuelto a figurar y es muy probable que sea diputada. Me parece que como periodista es una salida lamentable. Es como que yo terminé jugando de portero en un equipo de canchas abiertas, no tiene sentido, en mi visión.

Pero esto no es nuevo, ha existido en el pasado, pero en el pasado tenía otro matiz, en el pasado los periodistas en verdad hicieron política simultáneamente con el periódico. En Costa Rica, en 1833, los que hacen periódicos son personas que tienen intereses políticos, pero intereses políticos en una aldea, donde el que está haciendo el periódico tiene el deseo de ser regidor del municipio, ayudar a arreglar las calles, porque tiene intereses comunes. Entonces, usa ese periodismo en simultáneo, tanto que la prensa política del siglo XIX está formada por periódicos que nacían cuando había campaña política y se morían cuando terminaba la campaña política. Eso siguió más adelante con periodistas en el siglo XX, como Otilio Ulate, un periodista que había sido reportero y que pasa a ser presidente de la República. Julio Suñol, un auténtico periodista que se mete también a la campaña política y llega a ser diputado. No es una cosa nueva, pero esos eran otros tiempos.

Ahora, lo que se está buscando no es el servicio a la sociedad o tratar de salvar a la comunidad de las calles con muchos huecos, lo que se está buscando un poco es buscar las luces de la televisión, de los medios, reaparecer en los focos. No le veo otro sentido a eso, no lo concibo eso, creo que el periodista debe morir siendo periodista. Bueno o escritor, como es mi caso.

– ¿Qué tanto ha incidido el papel de la Sala Cuarta en el deterioro del periodismo costarricense?

Estoy cada vez más convencido de que eso era una instrucción global, mundial. Me tocó verla, porque en mi tiempo de ejercicio del periodismo me tocó ver todo el proceso de cómo se liquidó el movimiento que pretendía fortalecer el periodismo académico, que fue el Nuevo Orden Mundial de las Comunicaciones, el NOMIC de la Unesco, de 1975, para que la prensa estuviese regulada y acomodada a un nuevo orden más equilibrado. Eso asustó a los medios de comunicación, ahora no lo tengo tan claro, porque eso fue hace mucho tiempo, pero era un movimiento que pretendía defender el concepto de periodismo como servicio público. De eso se dieron cuenta los medios privados y se dieron cuenta de que eso no les convenía, lo que ellos querían no era el servicio público, sino el servicio propio. Entonces, fundaron una asociación mundial para combatir esas tesis. Ahí podemos incluir muchas cosas.

En Costa Rica, la pelea comenzó por destruir el Colegio de Periodistas. En aquel momento, la colegiatura obligatoria era la única forma de fortalecer la línea de servicio público. Los medios de comunicación se pusieron en contra del Colegio, se dio una batalla, que se termina perdiendo cuando el Colegio, pendejo, no tuvo valor para sostener la guerra, y más bien ayudó para que el Gobierno de Costa Rica hiciera una consulta a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) para ver si era cierto que la libertad de expresión podía ser reducida para los trabajadores de la prensa, que por supuesto la Corte que estaba ya preparada y montada por jueces, más o menos dentro de la línea, dijeron que jamás, que eso no se podía tocar y que el periodismo es libre para todo el mundo. Entonces, cómprese un celular.

– ¿Qué reflexión haría sobre a lo que nos estamos enfrentando, informativamente hablando?

Pienso que estamos en un mundo caótico. No culparía exclusivamente a lo nuestro. Diría que estamos dentro del mundo caótico global, pienso que eso es un problema universal que tiene más definiciones en los pueblos menos desarrollados como los nuestros que en Estados Unidos, en Francia o en Alemania, pero que en el fondo tiene una problemática similar.

Los influencers están definiendo muchas cosas o están influyendo en muchas cosas. No estoy tan seguro de que definan, pero sí que influyen. Eso conduce al proceso de caos que hablamos en el puro principio. Ese mundo caótico se ve por todas las vertientes, por todas las aristas, o sea, el mundo caótico del clima, de la política, de los antivacunas. Es un caos global y eso, en parte, ha sido culpa de la comunicación.

Hemos dejado que la comunicación se convierta en un procesador de tontos, en una licuadora de idiotas y entonces el resultado es este caos, no le veo salida.

– ¿Y con respecto a las elecciones?

La gente no sabe qué hacer, la gente no tiene decisión para votar. Parte de eso se da por el naipe que se ha tirado, un naipe de 25 candidatos, eso ya crea un nivel de confusión. La comunicación y la experiencia han demostrado que cualquier pelado puede ser presidente. En el pasado, para ser candidato presidencial, había que tener una carrera política, en un partido político. En este momento no, usted puede ser periodista y ya puede ser presidente. Puede ser indigente y ya puede ser candidato presidencial, se requiere mayoría de edad y costarricense, punto. Entonces, la proliferación produce un cierto caos, la confusión. La gente no sabe qué hacer, la oferta en vez de ser democrática se convierte en caótica.

La gente no sabe qué hacer, porque no tiene criterio para decidir, porque no le han aportado los medios adecuados para que tenga criterio.

Bolivia, Paraguay, Honduras están peor que nosotros. Eso es un consuelo. Usted se encuentra con Bolivia y se topa con el caos absoluto, porque la ignorancia es absoluta, porque el analfabetismo es del 70%-80%. En Honduras, analfabetismo, más pobreza, más narcotráfico juntos y nos ponen en un panorama de que se agarran a patadas los diputados para elegir el presidente del Congreso.

Ante eso estamos mejor. Consuelo de brutos.

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