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Campanada de esperanza: compañeros reciben entre aplausos a trabajador tras su última quimio

  • Después de casi tres años de lucha contra el cáncer, Cristian Aguilar recibió una sorpresa cargada de cariño, solidaridad y lágrimas de alegría en Materiales San Miguel.

Un pasillo humano, globos verdes, aplausos, sonrisas y una campanita esperaban a Cristian Aguilar Bolaños, de 46 años, cuando llegó a su trabajo.

Sus compañeros de Materiales San Miguel, en San Juan de Santa Bárbara de Heredia, habían preparado una sorpresa para celebrar que completó su última quimioterapia, después de una batalla contra el cáncer que le cambió la vida.

En el emotivo video, que se ha vuelto viral en redes sociales, se observa cómo Cristian avanza entre dos filas de compañeros que lo reciben con aplausos y lágrimas de felicidad. Él levanta los brazos, emocionado, mientras recorre ese caminito cargado de cariño, admiración y solidaridad.

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Pero había un detalle que hacía todavía más especial aquel recibimiento: Cristian se había quedado con las ganas de tocar la campana en el hospital, un gesto que para muchos pacientes simboliza el final de una etapa del tratamiento contra el cáncer.

El lunes 26 de octubre del 2026 recibió su última quimioterapia, pero ese día acudió solo al hospital y, aunque se acercó a la campana, prefirió marcharse sin tocarla.

“Cuando salí del hospital, yo bajé, fui a la campana, pero no la pude tocar, tal vez porque me sentía solo y no había nadie. Para mí era importante ese momento, realmente yo estaba esperando ese momento”, recordó.

Al día siguiente, sus compañeros le regalaron precisamente lo que tanto había deseado: la oportunidad de tocar una campana rodeado de personas que lo quieren y que estuvieron pendientes de él durante su enfermedad.

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“Yo no me lo esperaba, sinceramente, y fue algo tan emotivo ver a todos. Todos llegaron temprano”, expresó.

Cuando llegó el momento de tocar la campanita, la emoción pudo más que todo.

“Casi me la traigo al suelo porque yo tenía esas ganas de tocarla y reventarla”, contó entre risas.

Dura batalla

Detrás de esa sonrisa y de aquella campanada hay una historia marcada por el sufrimiento, la incertidumbre y una enorme fortaleza.

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A finales del 2023, Cristian comenzó a sentir molestias estomacales mientras trabajaba en la zona de Cóbano, Puntarenas. Durante varios meses acudió a centros médicos, donde le hablaron de gastritis y colitis.

Sin embargo, los dolores se volvieron cada vez más intensos y su abdomen comenzó a inflamarse.

A finales de febrero del 2024, después de varios días de fuertes molestias y de acudir al hospital, su esposa decidió buscar atención médica privada. Un ultrasonido reveló que algo mucho más grave estaba ocurriendo: Cristian tenía cáncer.

Tras nuevos exámenes, una cirugía y varias semanas de incertidumbre, los especialistas confirmaron que padecía un linfoma no Hodgkin que había afectado la zona del estómago.

El diagnóstico marcó el comienzo de una de las etapas más difíciles de su vida.

El 8 de mayo del 2024 recibió la primera quimioterapia. Las siete sesiones iniciales, administradas cada 21 días, fueron muy agresivas.

Perdió peso, se le cayó el cabello y sufrió dolores tan intensos que llegó a necesitar morfina y atención de cuidados paliativos.

“Fueron noches muy duras, madrugadas, rincones en la casa que tengo muy claros en mi mente, donde estuve hincado o sentado con mis rodillas hacia mi pecho por el dolor”, relató.

Hubo momentos en los que sintió que las fuerzas se le acababan y pensó en abandonar el tratamiento.

Además del sufrimiento físico, le dolía ver a su familia enfrentando aquella situación, especialmente a su hija menor, quien entonces tenía siete años.

Después de las primeras sesiones comenzaron a aparecer señales de mejoría y, a finales del 2024, los médicos modificaron el tratamiento. Desde entonces continuó recibiendo quimioterapia cada dos meses, durante el 2025 y parte del 2026.

Hasta que finalmente llegó el día que tanto esperaba.

“Gracias a Dios, este lunes 26 culminé con éxito 19 dosis de quimioterapia”, manifestó.

Apoyo vital

Durante esa batalla, Cristian encontró un apoyo que fue mucho más allá de las palabras de aliento.

Cuando recibió el diagnóstico, apenas tenía unos cinco meses de trabajar en Materiales San Miguel. La enfermedad lo mantuvo alejado de sus labores durante buena parte del 2024, pero sus compañeros y jefes estuvieron a su lado.

Según contó, don Miguel Ulate, propietario de la empresa, se preocupó por su situación y procuró que continuara recibiendo su salario durante la incapacidad.

El respaldo fue tan significativo que, cuando Cristian pensó en renunciar porque sentía que la empresa necesitaba a alguien que pudiera trabajar con normalidad, le hicieron saber que su puesto lo estaba esperando.

“San Miguel ha sido como mi segunda familia, mi segunda casa, y el apoyo fue incondicional desde el primer momento. Nunca me dejaron solo”, aseguró.

Cuando regresó al trabajo, todavía debía continuar con las quimioterapias y había días en los que su cuerpo sencillamente no respondía.

En esas ocasiones, sus jefes le pedían que regresara a casa para descansar.

Cristian recuerda que hubo momentos en los que tuvo que ausentarse varios días por complicaciones de salud, pero siempre encontró comprensión.

Y ese acompañamiento también tuvo un rostro fundamental fuera de la empresa: el de su esposa.

Ella dejó su trabajo para cuidarlo, acompañarlo al hospital y permanecer a su lado durante las noches más difíciles.

Cristian habla de ella con una gratitud enorme. Reconoce que la enfermedad lo llevó al límite, pero también le enseñó a valorar de otra manera a su familia y a quienes estuvieron presentes cuando más los necesitaba.

Sorpresa llena de amor

Angie Ulate, gerente comercial de Materiales San Miguel, fue quien tuvo la idea de organizar el recibimiento.

Desde principios de año había marcado en su calendario la fecha de la última quimioterapia de Cristian. Inicialmente quería acompañarlo al hospital, pero varios compañeros también expresaron su deseo de estar presentes.

Fue entonces cuando pensó en llevar aquella celebración hasta la empresa.

Preparó una carta para que los trabajadores le dejaran mensajes, buscó globos verdes por ser el color asociado con el linfoma y consiguió una campanita para que Cristian pudiera tocarla.

La sorpresa se organizó con mucho cuidado para que él no sospechara nada.

Aunque la empresa abre a las 6:30 de la mañana, sus compañeros llegaron desde las 6 para preparar el recibimiento.

Algunos llevaron carteles, otros ayudaron con los globos y todos estuvieron listos para recibirlo con aplausos.

“Yo quería ser superdetallista en eso, en las firmas, en los mensajes, en que él se dejara algo. Y todo fue demasiado lindo”, relató Angie.

Ella misma terminó llorando mientras intentaba grabar el homenaje.

Y es que para los trabajadores, aquella celebración representaba mucho más que el final de las quimioterapias. Era la oportunidad de reconocer a un compañero que, aun en medio del dolor y las dificultades, había demostrado una enorme fortaleza.

Angie recuerda que muchas veces Cristian llegaba a trabajar sintiéndose mal y que debían insistirle para que descansara.

“Es una persona sumamente resiliente, valiente”, expresó.

Por eso, cuando llegó el momento de organizarle una sorpresa, sus compañeros respondieron sin dudarlo.

La gerente también explicó que nunca pensó en hacer viral el video, sino en regalarle a Cristian el reconocimiento que merecía y mostrar que detrás de una empresa dedicada a vender materiales de construcción hay personas capaces de acompañarse en los momentos más difíciles.

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