*Por Alberto Rodríguez Baldi
Después de venir de cenar con mi amada esposa, Lidieth, y mis hijos menores, Alberto y Fiorella, de una íntima cena en el restaurante El Gusto, de San José, Costa Rica, hago números de nuestro modesto emprendimiento y al analizar los resultados disminuidos enormemente por la emergencia mundial del virus chino –porque la cosas se deben llamar por su nombre sin ambages– siento una enorme emoción, casi juvenil.
Es como volver a empezar, contando cincos, –así se decía y todavía creo que en la memoria popular está presente– a las monedas de menor valor ya inexistentes en mí país y cómo esas pequeñas cifras cobran su significado para redimir nuestra empresa.
Otra vez volveremos a empezar, como el primer día de apertura, mi esposa, Lidieth, esperando un huésped en una humilde silla de plástico y una mesa del mismo material de no muy bien ver, eso sí, con gran ilusión.
Esa es la enorme ventaja que Dios nos da como regalo, a quienes empezamos de cero, siempre preparados para las adversidades. Todo ha sido una gran ilusión bella como aurora boreal y seguramente volveremos a hacer de ese esfuerzo otra ilusión aún mayor, seguros que saldremos adelante y esa esperanza quiero trasmitírsela a todos mis conciudadanos.
Todo pasa y saldremos bien, con paciencia, trabajo y enfocados, dándole valor a los cincos que desperdician a manos llenas los políticos y sus funcionarios, pero eso no nos debe detener. Ya vendrán tiempos para dominar a las bestias, por ahora a sobrevivir.
Me sentía ahogado, ahora medio respiro como el lagarto en medio del río sucio esperando a su presa y sé que saldremos bien, muy bien… eso se llama esperanza. Encontraremos con enorme esfuerzo esa llama de fuego al final del camino que buscamos incansablemente en estos momentos y la encontraremos si tenemos la tenacidad de alcanzarla.
Porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza. Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado (Romanos 5:3b-5).
*El autor es propietario de Baldi Hot Springs y abogado







