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Ana Virginia Calzada: del diablo al lujo de las pensiones

Ana Virginia Calzada intentó encender la campaña con un spot cargado de inteligencia artificial, demonios y una narrativa extrema que ella misma construyó para atacar a figuras del oficialismo como al presidente Rodrigo Chaves, a la diputada Pilar Cisneros y a la candidata de Pueblo Soberano, Laura Fernández, sin aportar pruebas. El cierre del spot es tan polémico como teatral: “votar por Laura es vender el alma al diablo”, una frase que busca impactar emocionalmente más que sostenerse en hechos verificables.

Pero mientras Calzada se erige como voz moral, su nombre aparece en un lista que genera indignación: la de las pensiones de lujo del Poder Judicial.

El anuncio recrea un bar con figuras políticas fumando y bebiendo, rodeadas de imágenes de narcos y sicarios. La narrativa es apocalíptica y busca instalar miedo más que propuestas. El recurso tecnológico sorprende, pero el mensaje se percibe como un ataque frontal que más que informar, polariza.

El estratega en comunicación Esteban Mora analizó el anuncio y señaló que, desde el punto de vista legal, Calzada no incumple ninguna norma con el anuncio y que el marco jurídico actual impide modificar el estatus de las pensiones de lujo, una condición que, sin embargo, no despeja el debate ético ni político.

Mora dice que el anuncio lleva el sello característico del publicista Giovanni Bulgarelli.

El analista agregó que, en términos de impacto político, la campaña es agresiva, pero toca una tecla sensible, al poner sobre la mesa el tema del narcotráfico. Incluso reconoció que “aplaude el anuncio porque pone el tema en discusión, aunque jamás lo hubiera hecho o propuesto por lo agresivo”. Para Mora, son “cosas que hay que tocar para que la gente hable”.

Según datos oficiales, Calzada recibe una pensión de 7,9 millones de colones y el monto neto, después de deducciones, se acerca a los ₡4 millones. Ella ha recibido más de ₡586 millones en pensiones desde el 1.º de junio de 2013.

En un país donde la mayoría de jubilados apenas alcanza para sobrevivir, este privilegio la convierte en símbolo de la desigualdad que tanto se critica.

El verdadero diablo no está en los montajes digitales ni en los discursos apocalípticos. Está en los privilegios que perpetúan la brecha social. Que una pensionada de lujo se presente como paladina contra el “narco” es la contradicción perfecta: sermones desde el confort, mientras el pueblo paga la factura.

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