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A lo que venimos: la sociedad después del COVID-19

*Por Eric Briones Briones

El 27 de mayo del 2020 se llevó a cabo un webinar, por medio de la Escuela de Ciencias de la Administración de la Universidad Estatal a Distancia (UNED), liderado por el Dr. Li Bonilla, denominado: “Nuevos Paradigmas Sociales Post-Covid-19”, en el que se abarcaron las posibles consecuencias que dejará la pandemia dentro del ámbito sociológico, laboral, económico, político, empresarial, etc.; siendo los invitados los señores: Julia Li, Francisco Morales, Ginnette López, Federico Li, Vladimir de la Cruz y el suscrito.

Dentro de algunos presagios se consideraron los siguientes: el fortalecimiento de la parte social, de los Estados de derecho, revalorización ética en el campo político, con economías basadas no tanto en la competitividad y lucro, sino en la cooperación para salir del impasse mundial.

Un cambio de modelo en los espacios habitacionales. Fortalecimiento de las universidades que le han apostado, a la tecnología y ayudas sociales al estudiantado creando profesionales con habilidades blandas, mayor empatía, líderes y resilientes para enfrentarse a los nuevos paradigmas que demanden las empresas dentro del campo laboral.

Y definitivamente robustecimiento del sector público (salud, educación, seguridad social, entre otros), el que ha demostrado que en las crisis pasadas y presentes sostiene a los países.

En lo laboral se debe advertir que producto de la pandemia se produjo algo nunca visto en los útimos 75 años: la emisión de normativa excepcional, en cuanto a procedimientos, tiempos de respuesta, papel del Ministerio de Trabajo y de la misma concepción doctrinaria de algunos institutos jurídicos, como por ejemplo el de los pagos de las incapacidades, el de las vacaciones, los fueros laborales, reducciones de jornadas laborales y suspensión de contratos de trabajo por mutuo propio patronal y con el aval a posteriori de la Inspección de Trabajo, el pago referido a la seguridad social, entre otros.

Se giraron algunas recomendaciones gubernamentales para los dos sectores del empleo, sea privado y público, en cuanto a las modalidades o formas de llevar a cabo las labores, referido al trabajo en cuanto a nuevas prácticas relativas a la prevención de las enfermedades, la salud e higiene, como complemento esencial para la vida; a su desarrollo domiciliar y al teletrabajo o sistema telemático.

Ahora bien, producto de todo esto nos empiezan a quedar algunas enseñanzas, primero que estamos en el ámbito laboral, proximos a nuevos paradigmas, retos o replanteamientos y consecuencia del desarrollo de las TIC, de la inteligencia artificial, la robótica, es decir, lo que conocemos como la generación de la cuarta revolución industrial o industria 4.0.

Precisamente dentro de estos cambios que se van a ir suscitando es la eminente flexibilización de las jornadas laborales, pero a su vez, debe venir aparejado de dos institutos laborales:

  • La regulación del derecho al desconecte laboral, con tal de hacer efectivo el descanso, como ha sucedido en Francia y Alemania, pues no se vale el abuso del derecho, lo cual nuestros abuelos lo dejaron plasmado desde hace más de 120 años, dentro de la legislación civil de 1887.
  • Disminución de jornadas diarias presenciales, sea de manera física o en línea, implementando los resultados por objetivos o proyectos con plazo, ejemplo de esto lo ha tenido Suecia, donde se redujo su jornada de 8 a 6 horas, con un rendimiento mayor en el campo laboral y una forma más sostenible y plena en el campo personal y familiar de la persona trabajadora. Ya esto y desde antes de la pandemia se venía estudiando, cuando se refería que la clase trabajadora millenials prefería accesar a trabajos en los que se les permita ostentar mayor calidad de vida, que mayores salarios con cargas de trabajo descomunales, es decir, la prevalencia de lo que se conoce en doctrina laboral como el “salario emocional”.

Amén, la consumación para la clase trabajadora de una obligada capacitación en el uso de las herramientas tecnológicas al margen de las labores sustantivas para las cuales ha sido contratada.

Sin obviar, consecuencia de lo tecnológico, el posicionamiento definitivo del teletrabajo, ya que según estadísticas del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), antes del coronavirus Brasil era el país más avanzado en la región en cuanto a teletrabajo con 12 millones de teletrabajadores, siguiéndole México (con 2,6 millones), Argentina (con 2 millones) y Chile (con medio millón), mientras que Costa Rica tenía apenas 30.000 empleados con posibilidad de realizar teletrabajo, no obstante, hoy nuestro país tiene una cifra sorprendente, ya que a inicios de abril, solo en lo público, se reportaban más de 50.000 teletrabajadores y con tendencia hacia la alza, en la que un 90% de las personas trabajadoras estarían dispuestas a seguir en esta modalidad después de la pandemia.

Es que está quedando demostrado que sí se puede utilizar esta modalidad de hacer el trabajo sin tener que ir al centro de trabajo, sino hacer el mismo con solo dar un click desde el sitio en que nos sintamos cómodos; sin tener que viajar distancias kilométricas con la consecuente pérdida de energía y perjuicio en el estado de ánimo; sin tener que gastar gasolina o pasajes, con el perjuicio para el medio ambiente; sin tener que exponernos a los peligros como sufrir accidentes externos, robos u otros; sin tener que tener centros de acopio humanos y gastos empresariales (como seguridad, servicios de agua y luz, Internet, infraestructura, parqueo, aseo, etc.).

Más bien, eso podría ser como se dijo en tener personal más apto y capacitado, con lo cual haría más robusto y productivo, el negocio empresarial.

No obstante, lo que también ha quedado claro es que el desarraigo sociolaboral ha provocado dentro de muchas personas trabajadoras estrés, soledad, depresión, lo cual es oportuno tomar en cuenta dentro de las futuras políticas públicas de empleo, con el fin de solventar, estos efectos nocivos, dentro de un ámbito de la seguridad social.

Igualmente, lo concerniente a la promoción de las medidas preventivas de salud ocupacional, por cuanto hay un antes y un después de la pandemia de coronavirus en el tema de las medidas sanitarias, dentro de los centros de trabajo; amén, del deber de mantener las condiciones de higiene y la información necesaria a los trabajadores sobre las medidas de seguridad en la prevención del virus o los que puedan sobrevenir en un futuro.

Aunado a ello debe venir todo un cambio de estrategia por parte de las organizaciones de los trabajadores, con el fin de que prevalezcan y hacer viable la continuidad del ejercicio humano a la negociación colectiva laboral.

Finalmente, lo que debemos evitar ante estas nuevas realidades sociales en el mundo en general, por una parte, la precariedad laboral (de allí la necesidad de pasar a regular, con reglas claras, las nuevas figuras que se están posicionando dentro del mercado mundial del trabajo, tales como el freelance o autonómo, el referido a las plataformas de servicios, el gig economy o trabajos esporádicos, con deslocalización y flexibilización, entre otras) y por otra, aquel presagio sobre las personas del futuro, producto de la pérdida de la convivencia de interactividad directa, que vaticinó el novelista estadounidense, Isaac Asimov, en su obra “El Sol Desnudo”: “En una palabra, un solariano se enorgullece de no encontrarse con su vecino (…) El deseo de no verlo condujo a la creación de equipos de visores cada vez más perfectos, y a medida que estos equipos visores se mejoraron, disminuía en proporción la necesidad de ver al vecino (…). Sin la interdependencia humana desaparece el principal aliciente que ofrece la vida; se esfuman casi todos los valores intelectuales y falta una auténtica razón para vivir. La visualización no puede sustituir la presencia personal. Incluso los propios solarianos se dan cuenta de que la visualización no es más que un sentido a larga distancia”.

En conclusión, la pandemia nos debe dejar como enseñanza la facultad de resiliencia que posee el ser humano de salir adelante unidos en sociedad e idear nuevos paradigmas sociales y específicamente en el ámbito laboral para que mediante el uso de las TIC todos podamos ser más productivos, que la economía fluya, pero con el equilibrio necesario, entre el ámbito laboral y de la salud ocupacional, personal y familiar, dentro de un concepto de trabajo decente, como lo ha venido refiriendo la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

*Doctor en Derecho Laboral.

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