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El café costarricense despide a una mujer que dejó huella y amor en cada taza

  • La partida prematura de Gabriela Morales Chavarría, alma de Los Antojos de mi Abuelo, deja un profundo vacío entre quienes compartieron su dedicación al grano de oro nacional.

En las montañas de Tarbaca, de Aserrí, hay un lugar donde una taza de café, una sopa caliente y una buena conversación siempre han sido motivos suficientes para quedarse un rato más.

Ese lugar es Los Antojos de mi Abuelo, un restaurante familiar que lleva impregnado el cariño de Gabriela Morales Chavarría, una mujer que hizo de la hospitalidad, la cultura y el café una forma de vida.

Gabriela, conocida cariñosamente como Gaby, falleció el miércoles 28 de octubre del 2026, después de enfrentar una enfermedad sumamente agresiva que le arrebató la vida en cuestión de cuatro meses.

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Su partida ha causado un profundo dolor entre familiares, amigos y personas vinculadas con la industria del café de especialidad, donde dejó una huella que va mucho más allá de sus proyectos.

Fue sepultada el jueves 29 de octubre del 2026, en San Ignacio de Acosta.

Vivía para compartir

Javier Calderón Padilla, barista, tostador y catador, compartió con Gabriela una amistad de muchos años y numerosos proyectos relacionados con el café costarricense.

Todavía conmovido por su partida, la recuerda como una mujer que siempre encontraba tiempo para escuchar, ayudar y motivar a los demás.

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“Ella siempre buscaba ayudar a las personas. Siempre daba más de lo que podía dar o tener”, contó a ¡Qué Torta!

Y esa generosidad se respiraba en Los Antojos de mi Abuelo.

Javier Calderón y Gabriela Morales impulsaron el proyecto el Café del Bicentenario.

Gaby quería que las personas se sintieran como en casa. Por eso, las mesas eran grandes, la comida recordaba las recetas de los abuelos y siempre había espacio para una conversación.

El restaurante también se convirtió en punto de encuentro para escritores costarricenses que presentaban sus libros, artistas que exhibían sus obras y visitantes que encontraban allí mucho más que un lugar para comer.

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“Siempre con una sonrisa, siempre con un abrazo”, recordó Javier.

Recuerdo del Bicentenario

Gabriela también dejó una marca especial en la industria cafetalera.

Junto con Javier impulsó Cafeto Santos, una cafetería de especialidad dentro del restaurante, desde donde promovieron el café producido en la región de Los Santos.

Uno de sus proyectos más significativos fue el Café del Bicentenario, desarrollado a partir de granos de una finca que conserva cafetos con más de 160 años de historia, según relató Calderón.

La iniciativa tuvo su presentación en Casa Presidencial el 15 de octubre del 2021, en medio de las restricciones que imponía la pandemia.

Para Gabriela, aquel café representaba una oportunidad de reconocer a generaciones de productores y rendir homenaje a las raíces cafetaleras del país.

También promovió “Con Manos de Mujer”, una edición especial de café dedicada a visibilizar el trabajo de las mujeres productoras.

Javier recuerda que Gabriela insistía en que los caficultores debían reconocer el verdadero valor de su producto y sentirse orgullosos de lo que cultivaban.

Pero su mayor legado no se mide únicamente en marcas, proyectos o reconocimientos.

“Ella siempre me decía: ‘Javi, una persona no puede estar en el mundo sin tener una pasión, porque si no seríamos como errantes por la vida'”, recordó su amigo.

Y Gabriela vivió fiel a esa idea.

Durante la pandemia, en el 2021, Gabriela y su amigo Javier trabajaron juntos sin parar.

El restaurante seguirá, su esencia también

Los Antojos de mi Abuelo continuará adelante como el emprendimiento familiar que Gabriela construyó junto con su madre, doña Marianela, y sus hermanos.

Aunque su ausencia será difícil de llenar, su familia mantendrá vivo ese espacio donde la tradición costarricense se encuentra con el café, el arte y la calidez de un hogar.

Cuando se le pidió a Javier describir a Gabriela, reconoció que una sola palabra no alcanzaba.

“Una frase sería amor, amor auténtico, amor de verdad”, respondió.

Quizás allí esté la mejor manera de entender lo que significó su vida.

Gabriela se fue demasiado pronto, pero dejó algo que nada pudo arrebatarle: el cariño de quienes la conocieron y una historia construida alrededor de lo que más amaba.

Y mientras en aquellas montañas de Tarbaca se siga sirviendo una taza de café con cariño, habrá una parte de Gabriela que permanecerá para siempre.

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