Mientras el mundo seguía con preocupación la escalada del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán por el impacto en los precios del petróleo, Costa Rica enfrentaba otra amenaza mucho más delicada: quedarse sin combustible.
Aunque el país nunca llegó a sufrir desabastecimiento, la Refinadora Costarricense de Petróleo (Recope) reconoció este miércoles 15 de julio del 2026 que el riesgo de una interrupción en el suministro fue real y obligó a tomar decisiones anticipadas para evitar que la crisis internacional golpeara a los consumidores costarricenses.

Según explicó la presidenta ejecutiva de Recope, Karla Montero, la incertidumbre dejó de centrarse únicamente en el comportamiento de los precios internacionales y pasó a enfocarse en la disponibilidad del producto, debido a las dificultades que comenzaron a afectar el transporte marítimo y la distribución mundial de combustibles.
Ante ese panorama, la empresa modificó su estrategia habitual. Reforzó su capacidad de almacenamiento, adelantó la programación de las compras internacionales y mantuvo un monitoreo permanente de la evolución del conflicto para reaccionar con rapidez ante cualquier cambio en el mercado.
Otro factor que jugó a favor del país fue que los contratos de importación de gasolina, diésel y otros combustibles ya habían sido negociados antes de que estallara la crisis, lo que permitió mantener las condiciones pactadas y evitar costos extraordinarios en momentos en que el transporte marítimo internacional comenzó a complicarse.
Mientras en otras naciones se registraban filas en estaciones de servicio, racionamientos e incluso problemas para conseguir combustible, Costa Rica logró mantener el abastecimiento y atender la demanda nacional sin interrupciones.
Recope aseguró que la experiencia dejó una lección clara: en un mercado tan dependiente de factores internacionales, anticiparse puede marcar la diferencia entre mantener el suministro o enfrentar una crisis de abastecimiento.