Por Roberto Acosta Díaz*
En Costa Rica hay un desapego grosero por la historia.
Es tema central en las conversaciones que disfruto con mis queridos amigos Francisco Enríquez, Fernando Quesada y Manuel Benavides, cuando nos tomamos un cafecito en algún lugar de Guadalupe, Goicoechea, San José.
A los tres los une esa pasión por las grandes obras de nuestros antepasados.

No es para menos: don Francisco cosechó una ejemplar carrera como director de la Facultad de Historia de la Universidad de Costa Rica y luego de la Facultad de Ciencias Sociales; el padre Benavides es un reconocido historiador, ganador del premio Cleto González Víquez 2022, de la Academia de Geografía e Historia de Costa Rica, y Fernando tuvo un maestro a su lado, quien lo educó en tiempo real, mientras en el país sucedían acontecimientos importantes. Nada más y nada menos que su tío Fernando Centeno Güell.
Esa indiferencia por el legado de figuras nacionales que cambiaron paradigmas en la realidad costarricense es la que, lamentablemente, provoca que un pueblo crezca sin identidad cultural, ni personalidad.
Y fue precisamente esa la principal razón por la que nos ‘embarcamos’, sin saber a cuál puerto llegaríamos, en la ambiciosa tarea de lograr que a Fernando Centeno Güell se le declarara benemérito de la Patria.
Tiene un sentido patriótico darles identidad a los guadalupanos que habitan en Goicoechea; de recuperar sus raíces, inexistentes hasta ahora al ojo público, pues a esta ciudad dormitorio le aquejan muchas preocupaciones.
Es una victoria histórica que se concretó el 11 de octubre del 2022, en votación unánime de 51 diputados, y cuyo proceso culminó este miércoles 12 de noviembre del 2025, con la develación de su retrato.
Pasaron 25 años desde la primera propuesta de proyecto de ley, en 1997, a la que le siguieron cuatro más, incluida la que finalmente tuvo éxito y que impulsó, desde su curul el exdiputado independiente Erick Rodríguez Steller, aquel 9 de setiembre del 2021, curiosamente coincidió con el Día de la Niñez Costarricense.
Medalla de honor se lleva la diputada Carolina Delgado, quien descongeló el proyecto de ley de Rodríguez, y lo incluyó de nuevo en la corriente legislativa en el actual periodo 2022-2026.
Don Francisco, Fernando y yo hicimos equipo. Somos idealistas y soñamos con que se hiciera justicia a la memoria de un hombre que se convirtió en el pionero de la enseñanza especial en Costa Rica, a partir de la creación de la primera escuela con esas características, en 1939, en el centro de Guadalupe.
La casona donde todo nació aún sigue de pie, pero de medio lado.
Con el pasar del tiempo se hunde poco a poco ante la mirada de indiferencia de miles de ciudadanos que transitan por allí diariamente.
Se necesita tomar acciones, a pesar de que el Ministerio de Educación Pública giró los dineros (obligado por la Sala Cuarta) para la reconstrucción.
Nadie los ha ejecutado y pareciera que la solución debe ser otra y más invasiva, pero requerirá tiempo.
Hay quienes salen al paso del benemeritazgo y critican, sin ningún fundamento, que de nada sirve tanta ceremonia, ni tanto reconocimiento, si la casa se está cayendo.
Vaya ignorancia y tupé de pocos atrevidos, que es posible que no hayan movido ni un dedo para ver cómo se rescata el inmueble.
Costa Rica ya saldó una deuda histórica, falta levantar la casa. Vamos por ella.
*Licenciado en Periodismo, con más de 23 años de trayectoria a noviembre del 2025. Productor audiovisual y consultor internacional. Creador de ¡Qué Torta!